En Chiapas, el éxodo forzado ya no responde a un único motivo, sino a una peligrosa intersección entre la inseguridad y el cambio climático.
Quadratín | En Chiapas, el éxodo forzado ya no responde a un único motivo, sino a una peligrosa intersección entre la inseguridad y el cambio climático.

Miles de familias en Chiapas enfrentan la realidad de quedar desplazadas por la violencia y vivir con la amenaza constante de que un huracán, sequía o inundación termine de sepultar lo poco que les queda.

En este estado, el éxodo forzado ya no responde a un único motivo, sino a una peligrosa intersección entre la inseguridad y el cambio climático.

Dicho texto fue titulado: Diagnóstico nacional sobre el desplazamiento forzado interno por cambio climático y desastres en México.

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Entre 2020 y 2025, se contabilizaron más de 87 mil 300 afectaciones solo en esa región, lo que representa el 8.4 por ciento del total nacional, que supera el millón de casos.

El estudio advierte que muchas de estas personas, ya desarraigadas por la violencia, se asientan en zonas de alto riesgo climático sin saberlo.

Municipios como Chenalhó y Chalchihuitán, señalados en el informe, concentran altos índices de pobreza y, al mismo tiempo, una exposición extrema a fenómenos hidrometeorológicos como ciclones o inundaciones.

Motivos de las salidas en Chiapas

El 74.5 por ciento de los forzados a abandonar sus hogares registrados en el país tienen su origen en eventos climáticos, mientras que los geológicos suponen un 24.6 por ciento y los incendios forestales, un 0.9 por ciento.

El problema, subrayan los expertos, es que quienes ya han huido de sus viviendas por motivos de seguridad se enfrentan ahora a un segundo destierro: el provocado por la fuerza de la naturaleza.

“Dificulta la recuperación de sus condiciones de vida”, sentencia el diagnóstico, que alerta de un círculo vicioso del que es muy difícil escapar sin políticas integrales.

Ante este panorama, el organismo de la ONU y el Conapo lanzaron un llamamiento a las autoridades mexicanas: no basta con atender la violencia ni con mitigar los desastres naturales por separado.

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El documento agregó que el reto resulta doble y exige respuestas coordinadas y de largo plazo que integren la reducción del riesgo climático, la prevención de la violencia y la protección de las personas desplazadas.

“Uno de los principales obstáculos es la escasez de información que cruce el riesgo climático con la violencia y el desplazamiento”, reconocen los autores.

Este diagnóstico nacional busca ser una herramienta para diseñar políticas más precisas, que considere que la pobreza, la inseguridad y el clima se han aliado para hacer la vida aún más difícil de los desplazados forzados.