El telescopio espacial Roman despegó el domingo desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX.

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La NASA presenta la misión como la elaboración de un nuevo atlas del universo, aunque su encargo de fondo es más delicado.

Julie McEnery, científica principal del proyecto, admitió en rueda de prensa que las observaciones recientes apuntan a que el modelo estándar del universo es incorrecto.

El instrumento fue diseñado, entre otros objetivos, para zanjar esa duda.

"Dirá de forma definitiva si el modelo funciona o no funciona", afirmó la investigadora.

"Y si no funciona, nos dará la precisión y la calidad de datos necesarias para empezar a distinguir entre las distintas opciones."

El observatorio mide más de 12 metros de altura y su desarrollo costó más de 4 mil millones de dólares a lo largo de una década.

Su campo de visión supera en más de 100 veces al del Hubble, el telescopio que impulsó la astrónoma Nancy Grace Roman, quien da nombre a la misión.

El aparato operará a 1.5 millones de kilómetros de la Tierra, trayecto que le tomará poco más de tres meses.

Desde ahí observará en infrarrojo para captar luz emitida hace miles de millones de años y estudiar la materia y la energía oscuras, que según los cálculos vigentes constituyen alrededor del 95% del universo.

El Roman trabajará junto al James Webb, al Observatorio Rubin, en Chile, y a la sonda europea Euclid, con los que reparte tareas.

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Sus registros serán públicos, aunque el volumen complica su manejo.

La misión generará cerca de 1.3 terabytes diarios, cantidad que ninguna computadora personal puede almacenar, advirtió el responsable técnico Dave Content.