En Cuba, la izquierda lleva en el poder desde el 59 y tiene al país –un país que nunca sufrió un bloqueo– en condiciones de vida tipo Haití, con chicos de 16 años encarcelados por protestar y con una cúpula de militares y parientes de los Castro que está a cargo de todo, sin derecho a réplica para nadie, y lo ha aprovechado para pepenarse cuatro pesos de cada cinco que produce la isla. 

En Venezuela, organizó un cártel de la droga desde el poder, se robó hasta las lámparas y convirtió a una potencia petrolera en una dictadura caribeña. Para hacerlo sin molestias, reprimió a la ciudadanía que protestaba porque se robó descaradamente la elección y creó centros de tortura, como el Helicoide, con la firme enseñanza de los cubanos.

En Bolivia, el compañero Evo está acusado de abuso sexual contra menores y arrinconado por la justicia, que tiene unas cuantas evidencias de la corrupción de su régimen. En México, a propósito, lo recibimos con los brazos abiertos y se fue sin casi avisar.

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En Nicaragua, luego de años de represión, el gobierno de Daniel Ortega y su mujer, Rosario Murillo, ha decidido cancelar, de plano, las elecciones.

En Brasil, el supuestamente moderado Lula se ha dedicado a amparar a dictaduras de las que están del lado de correcto de la historia, las de izquierdas, mientras se le puso en prisión por –sello progre en este continente– corrupción y lavado de dinero.

En Perú, no hace falta dar muchas explicaciones: tuvieron a Pedro Castillo. Recordemos, de todas maneras, su intento de golpe de Estado.

Para no mencionar a México. Aquí, la izquierda le entregó (con abrazos) medio país a los criminales, se gastó cientos de miles de millones en obras inútiles que le han costado la vida a varias personas, se escabechó a 800 mil personas con la pandemia, terminó con la independencia del poder judicial, ha llevado la inversión a un punto muerto, tiene solicitudes de extradición contra un gobernador y nueve funcionarios y legisladores más, organizó el desfalco de Segalmex, organizó el huachicol fiscal, organizó a La Barredora, se peleó con España, financia a la tiranía cubana y se niega a condenar a Ortega. 

Hace unos años, y todavía en la última elección, la intelectualidad, la academia y la comentocracia que podríamos etiquetar como de una cierta socialdemocracia repetía que era momento de darle una oportunidad de gobernar a la izquierda. Seguramente lo recuerdan. Hoy, visto el desastre de esa “oportunidad”, tendrían que decir es que es la derecha la que se merece el chance. No será el caso, por supuesto. Ahí viene lo de “Esa no es la verdadera izquierda”, como si –revisen la historia– hubiera otra. No importa. Según se confirmó el fin de semana en Brasil, muchos latinoamericanos piensan de otro modo. “Give la derecha a chance”, se podría llamar la canción. 

@juliopatan09