Hace tres años, la periodista guatemalteca Lucía Escobar cubrió una protesta que cambió su vida y su profesión para siempre. Ahí, grabó un video que en solo 14 segundos captó un intento de linchamiento.
Tras eso, Lucía comenzó a recibir amenazas y el Ministerio Público la culpó de haber organizado esa movilización, algo que no era verdad.
El 15 de octubre de 2023, durante el gobierno derechista del presidente Alejandro Giammattei, Escobar se vio obligada a salir de su país.
Su historia forma parte de la campaña de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) llamada Seamos Hogar, presentada este 21 de septiembre en Casa Refugio de la Memoria en la capital del país.
El objetivo de ésta consiste en difundir las historias de refugiados que encontraron protección en México y hoy estudian, trabajan y contribuyen a las comunidad en las que viven.
Lucía creyó que sólo estaría fuera por 15 días, pero la realidad la sorprendió pues actualmente vive en la Ciudad de México junto con sus hijos.
“Cuando ya llegaron mis hijos y vimos que la situación no está cambiando, decidimos pedir el refugio juntos aquí en México y tratar de empezar una vida aquí”, dijo en entrevista con 24 HORAS.
La hermana de Lucía, quien trabajaba en el Poder Judicial, también salió de su país desplazada por la violencia.
“Mi cuñado me dijo: haga de cuenta que su casa se quemó para no ver atrás”, compartió.
El país centroamericano, que actualmente gobierna Bernardo Arévalo, se encuentra en el sitio 128, de 180, del ranking de libertad de expresión de la organización Reporteros sin Fronteras.
“Los periodistas y medios que investigan o critican actos de corrupción y violaciones de los derechos humanos suelen padecer represalias, como campañas de acoso y persecución penal”, expresó el organismo en su evaluación.
“Es necesario que se trabaje en que la gente entienda que la libertad de expresión no es un patrimonio de los periodistas en absoluto, sino que es de toda la gente. Y los primeros afectados tal vez sí somos nosotros cuando se empiezan a reducir los espacios de libertad de expresión, pero al final las consecuencias son para todos. Yo creo que ahorita los gobiernos y toda la gente debería de hacer una apuesta por la libertad de expresión y por volver a poner en el debate el tema”, agregó Lucía Escobar.
Para ella, a esa situación de vulnerabilidad se suma que hay una diferencia clara en cuestión de género, por lo que es urgente incorporar esa perspectiva al atender los casos de las periodistas desplazadas.
“Me han atacado específicamente por ser mujer, he comparado mi caso con el caso de otros periodistas hombres y con ellos casi nunca se meten ni con su físico ni con su familia”, lamentó.
Una constante, explicó, es el tema de la maternidad: si te vas con tus hijos, te acusan de ponerlos en peligro; pero si los dejas, te acusan de abandono.
De acuerdo con el informe de la ACNUR de 2023, 86% de las solicitudes de asilo presentadas ante las autoridades mexicanas se concentraron en seis países, entre ellos Guatemala. Ese año seis mil 11 guatemaltecos solicitaron asilo ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).
Guatemala sigue siendo una de las principales naciones de donde provienen los solicitantes de asilo en México.
¿Tomate o jitomate?
Hasta en los momentos más cotidianos, como ir al mercado, Lucía recuerda que está lejos de casa.
“En el mercado me regañan porque le digo tomate al jitomate, o remolacha al betabel. Me preguntan si quiero comer o almorzar y para mí es lo mismo”, compartió.
Aun así, para ella el transporte capitalino es “de primer mundo” y su experiencia con el Instituto Nacional de Migración ha sido rápida.
Con todo eso, ella esperaba adaptarse más fácilmente: “Los guatemaltecos crecimos con Televisa, entonces tenemos muchas referencias culturales muy parecidas, aunque nuestra moneda es el quetzal, decimos pesos, y es una influencia mexicana”.
Pero también en escenarios más complejos se nota el choque cultural.
Al hacer trámites, no siempre la atienden como es debido. Por lo que prefiere mandar a sus hijos.
“Ellos son muy guapos, y se acercan a alguien y es más fácil que los atiendan. No debería ser. Debería ser el mismo trato sin importar quién hace el trámite”, cuestionó.
Lucía tiene claro qué le hace falta para sentirse totalmente integrada en México: “un novio y un trabajo para ya”.
