El Doctor Patán leyó que el compañero Serch, como lo llamamos cariñosamente, estaba publicando mensajes en inglés en su cuenta de X, y se vio invadido por el desconcierto. No me refiero solo al hecho de que nuestro movimiento, tan soberano, haya erradicado la lengua del imperio, sino a que el Serch dedica sus redes, básicamente, a torpedear a la oposición, siempre con un sentido del humor sofisticadísimo y una sonrisa mefistofélica en el rostro –esa agudeza que tan bien le conocemos–, y para eso no hace falta el inglés. Pensé que podría ser un mensaje de alcance universal sobre las invasiones alienígenas, una de sus preocupaciones. Ya saben: “Wake up, humanity. Aliens are among us”, o “The truth is out there”. Luego pensé que podría tratarse de esa otra vocación suya, el fashionismo. Su espíritu “GQ”. Algo sobre el modo adecuado de combinar las bermudas con mocasines Ferragamo, por decir. En fin, que estaba invadido por la curiosidad, hasta que fui a ver qué pasaba. Nueva sorpresa. El Serch estaba usando sus redes para promover criptomonedas.
Lo celebré. Nuestro movimiento se rige por los principios inamovibles de la austeridad republicana, pero eso no significa que nosotros, sus integrantes, estemos obligados a vivir como normalistas rurales, una comunidad que nos merece todo el respeto, pero que tampoco tiene que ser un ejemplo de vida. No. Aquí, para desesperación de los conservadores, disfrutamos los vinos de alta gama, los hoteles de 700 dólares en Japón, el Villa Magna de Madrid con su jamón ibérico y los vuelos privados. La diferencia es que para pagarnos esos lujos no usamos el dinero del pueblo, hecho constatable en los salarios recortados para la administración pública que nos heredó nuestro Padre Fundador. ¿Cómo, entonces, trabajar al servicio de los desposeídos sin convertirse en uno, es decir, sin bajar de nivel de vida?
La 4T nos ofrece dos vías. Una, la herencia. Habrán notado que muchos compañeros se han visto beneficiados por fortunas derivadas de testamentos oportunísimos. La otra, para los que no hemos tenido esa suerte, es doblar esfuerzos y llevar un negocio paralelo: que el balasto, que el insumo médico, que el restaurancito en la Roma. En el caso de aquí su Doctor, como tal vez sepan, los pequeños lujos, casos del whisky y los puros, exigen dedicarle horas al consultorio, y luego sudar la gota gorda para sostener esta columna; este ejercicio de promoción de la democracia popular.
Después se aclaró que al Serch le habían hackeado la cuenta y se trataba de “catecoins”, o sea, de una broma pesadísima: criptomonedas con espíritu de meme basadas en gatitos. Va mi solidaridad, querido camarada, pero también una observación: tal vez la vida te manda un mensaje y debas sumergirte realmente en esas aguas. Esos Ferragamo no se van a pagar solos.
@juliopatan09
