En un mundo donde la atención se mide en segundos y las historias circulan a través de las pequeñas pantallas de los celulares, videos y publicaciones breves, acercar a nuevas generaciones a la lectura implica pensar más allá del libro tradicional. ¿Es necesario leer cientos de páginas para considerarse lector? ¿Puede una historia nacida en internet despertar la misma curiosidad que una novela?
Estas preguntas atravesaron dos encuentros en la XXVI Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de México el domingo 11 de octubre: la presentación del libro Contar nuestras heridas , de Miguel Alejandro Rivera; y una plática en la que participó Marina Taibo en el Foro Federico García Lorca.
Reconocernos en la literatura: los cuentos de Miguel Alejandro Rivera inspirados en San Juan de Aragón, Ecatepec y la GAM
El escritor e integrante de la Brigada para Leer en Libertad, Miguel Alejandro Rivera, aprovechó su participación en el Foro Rodolfo Walsh para reflexionar sobre cómo terminó dedicando su vida a las letras; una de esas respuestas es la música que siempre sonaba en su barrio, como la salsa “Sóngoro cosongo”, de Héctor Lavoe, que originalmente es un poema del cubano Nicolás Guillén.
“Yo no entendía que en realidad estaba acercándome a las letras a través de las canciones que bailaba, de ir a los bailes del Peñón de los Baños de San Juan de Aragón, porque mis primos –a que los ponían a cuidarme–, como no se querían quedar en la casa, me llevaban”, recordó.
Con su historia de vida como punto de partida, el escritor y maestro de la UNAM demostró que tiene interés especial por contar historias que reflejan la vida de los barrios y de quienes suelen ocupar un lugar secundario en las narrativas dominantes: “Creo fielmente que la literatura debe de ser un reflejo donde todos nos podemos ver, donde todos nos podemos sentir”.
En su libro Contar nuestras heridas , la Ciudad de México y su zona metropolitana funcionan como escenarios reconocibles, con personajes, costumbres y situaciones que forman parte de la experiencia cotidiana de sus habitantes.
La hostilidad de la CDMX se ve reflejada en cuentos cortos como “Vicente el peregrino”, mientras que la cotidianidad del Metro, con sus espectáculos musicales que escuchamos de paso y encuentros fugaces con otros usuarios, se muestra en “Flor tertulia”.

Este compendio de cuentos cortos forma parte de la colección Brotes de la editorial Par Tres, que apuesta por ejemplares pequeños, accesibles y pensados para disfrutarse en un tiempo corto de aproximadamente 50 minutos.
Marina Taibo: leer también es acercarse a historias digitales
Luego de que se cancelara la presentación del libro Las bichotas y el sexilio de la escritora puertorriqueña Anjanette Delgado, debido a problemas con su viaje por el huracán Simon, el Foro Federico García Lorca fue tomado para hacer un diálogo en torno a los nuevos formatos de lectura.
Durante la conversación, Marina Taibo Sáiz cuestionó la idea de que leer significa, necesariamente, tomar un libro impreso. “Tenemos esta idea de que leer es agarrar un libro”, señaló, al referirse a los prejuicios que todavía rodean otras formas de consumir historias, como las que circulan en internet.
Desde esa perspectiva, invitó a acercarse a los fanfics –relatos creados por seguidores a partir de personajes o universos narrativos que ya conocen– sin descartarlos por su origen o por no pertenecer al canon literario.
“No tener miedo a los fanfics , no acercarse con prejuicio [...] porque en el canon literario no todo es bueno, no todo es como increíble, es trascendente”, planteó Taibo.
Su reflexión no implica que todos los relatos tengan el mismo valor, sino que el origen o el formato de una historia no tendrían que ser motivo suficiente para desestimar la experiencia de quien la lee. En ese sentido, las narrativas digitales pueden convertirse en una puerta de entrada para personas que no se identifican con los formatos tradicionales o que disponen de poco tiempo para leer.
Para ilustrarlo, Taibo compartió la experiencia de una mujer que comenzó a leer historias desde su teléfono y terminó descubriendo cuánto había leído a través de esa práctica. “Cuando le cayó el veinte de que leía historias desde su teléfono las contó y había leído el equivalente a 200 libros. Entonces, evidentemente se está leyendo, se está leyendo muchísimo”, relató.
Hacer visibles nuevas historias y formas de lectura
Las intervenciones de Miguel Alejandro Rivera y Marina Taibo coincidieron en un punto: acercar la literatura a más personas requiere reconocer sus experiencias, sus tiempos y las historias que les interesan.
Mientras Rivera apuesta por cuentos breves que reflejan la vida de los barrios y permitan que sus lectores se reconozcan en los personajes, Taibo invitó a observar las nuevas comunidades narrativas y las formas de lectura que se desarrollan en espacios digitales. Ambas perspectivas cuestionan la idea de que existe una única manera legítima de acercarse a las historias.
