En una escena del detrás de cámaras de Magnolia (1999), la gran obra maestra del californiano Paul Thomas Anderson (filmada cuando apenas cumplía veintinueve años), el joven director bromea consigo mismo y se pregunta: ¿cuánto irá a durar esta película?, ¿acaso dos horas y media, o tal vez cuatro?
Así es, Paul Thomas no sabe hacer filmes pequeños, tanto por lo ambicioso de sus guiones, como por la duración de los mismos. Pero en esta ocasión y por primera vez en su carrera, el tema de la duración del filme es notoriamente un problema. The Master, la muy esperada (al menos por mi) nueva cinta de este novel genio arranca con una primera hora realmente fascinante pero, ya rumbo al final, la cinta pierde ímpetu y -por primera vez en toda su filmografía- uno agradece haber llegado a fin.
Situada a finales de la segunda guerra mundial, Freddie Quell (intensísimo Joaquin Phoenix) es un marino que regresa del frente sin mucha idea de qué hacer con su vida. A tumbos se emplea en lo que puede a la vez que lucha con sus demonios internos: su obsesión con el sexo y su comportamiento errático (se presume tiene algún trastorno mental) mismos que compensa con una increíble habilidad para convertir cuasi cualquier líquido en buen licor.
De alguna forma se hace polizón de una embarcación y así conoce al comandante del barco y gurú de los ahí presentes: Lancaster Dood (extraordinario Phillip Seymour Hoffman), el maestro del título, quien encabeza una especie de secta cuya base radica en la firme creencia de que el ser humano no debe, jamás, dejarse llevar por las emociones, puesto que eso "es de animales".
A Freddie le llama poderosamente la atención el carisma y la filosofía de Lancaster y a su vez Lancaster ve en Freddie a un potencial alumno, por lo que termina invitándolo a unirse a su peculiar secta, desarrollándose una extraña relación padre- hijo.
Más que una crítica a este tipo de sectas (la polémica sobre si esto en realidad era un ataque a la Cienciología), lo que a Paul Thomas le interesa exponer es el mecanismo por el cual el ser humano cree y se deja llevar hasta convertirse en convencido y luego en fanático.
En ese sentido, The Master resulta el polo opuesto de una cinta como Life of Pi (Una aventura extraordinaria, Lee, 2012). Mientras aquella predica actos de fe y negación mediante el uso de los efectos especiales más extraordinarios que una computadora puede proveer, Paul Thomas hace lo opuesto, haciendo una radiografía del autoengaño usando los más extraordinarios trucos que el cine puede dar: una hermosa fotografía, un encuadre siempre lleno de imaginación, el uso de sus clásicos planos secuencia y una mezcla perfecta con la música (repite Jonny Greenwood, de Radiohead, en el score) creando sensaciones oníricas que nada tienen que ver con los bits o bytes de una máquina.
Empero, el rimo desigual rumbo al final del filme y la intensidad extrema en la actuación de Phoenix, terminan por sabotear esta cinta que resulta lo más cercano que Paul Thomas Anderson ha estado de un fracaso. Aunque claro, ya quisieran muchos tener un fracaso de este calibre, con dos nominaciones al Óscar y decenas de entradas a lo mejor del año en las listas de 2012.
The Master Dir. Paul Thomas Anderson
4 de 5 estrellas.
Con: Joaquin Phoenix, Philip Seymour Hoffman, entre otros.
