La obra de Ilan Stavans es un secreto a voces, sus cuentos han sido llevados al cine, sus traduciones de obras clásicas al spanglish han sido motivo de acaloradas polémicas en Estados Unidos, es un mexicano que escribe en inglés y por ello su carrera es más conocida en el mundo que entre nosotros: The New York Times lo ha descrito como “el zar de la literatura latina”; Le Monde como “el aventurero cosmopolita de la lengua española” y The Washington Post como “el crítico más astuto, audaz y entusiasta de América Latina”.
Afortunadamente, el Fondo de Cultura Económica ha intentado subsanar ese desconocimiento y acaba de publicar dos volúmenes, el primero Lengua Fresca es una antología de cuentos, ensayos, traducciones, textos sobre política, cine y literatura, todo un reto para quien quiera conocer la obra de Stavans; y por otro lado ¿Qué es la hispanidad?, una conversación entre Ilan Stavans e Iván Jaksic donde ambos estudiosos dan cuenta de las pasiones, los defectos y los retos del mundo hispanoamericano.
Esta entrevista intenta familiarizar a los lectores de 24 Horas con esta figura esencial para la cultura contemporánea.
¿Qué rasgos nos caracterizan como hispanos, qué virtudes y qué defectos tenemos?
La civilización hispánica, que tiene su base en el Mediterráneo, cuenta hoy con unas 450 millones de personas. Se extienda de Cataluña en España a la Pampa argentina y la frontera méxico-norteamericana. ¿Qué nos une? Un idioma, una historia común, una idiosincrasia. Esa unidad, no obstante, está basada en la fragmentación. Simón Bolívar, a principios del siglo XIX, soñó con una Gran Colombia que sería el principio de la unidad latinoamericana. Desde entonces, se trata de un sueño imposible, de una utopía. No solamente son las discordias las que nos separan, también lo hace nuestra vasta y accidentada geografía, las diferencias de raza y de clase y, sobre todo, la ineficacia de nuestros líderes políticos.
¿Qué virtudes y qué defectos tenemos? A riego de psicologizar, tenemos la virtud de ser apasionados, afanosos y abiertos… y eso es sólo para listar adjetivos que empiezan con “a”. Tenemos asimismo el defecto de ser exagerados, engreídos y enfadosos.
Dice usted en ¿Qué es la hispanidad? que “nuestro carácter nos impide ser libres”…
La biología es destino. Aún así, la libertad existe. ¿Cómo alcanzarla? Reconociendo nuestras virtudes y defectos. La civilización en que nacimos es a un tiempo una celda y una plataforma de despegue, dependiendo de cómo la veamos cada uno de nosotros.
Dice que desconfiamos por principio de los políticos, pero hacemos intocables a los intelectuales, ¡ay de aquél que diga algo malo de Paz, Rulfo o Fuentes! ¿También es parte de nuestro carácter?
Sin duda alguna. A pesar de sus críticas del poder, la personalidad de estas dos figuras es presidencialista. El laberinto de la soledad, ¿debe de verdad ser entendido como un perfil del mexicano? ¿No se trata más bien de una simplificación estéticamente encantadora de nuestra identidad: el mexicano según Octavio Paz? Por ejemplo, hay más en las películas de Tin Tan sobre el pachuco que en el maltrato intelectual de ese libro tirano. En cuanto a Fuentes, abusa de la mitología; o más bien, de la mitologización. La muerte de Artemio Cruz es tan o más pesada que el Chac Mool. Hace tiempo que la modernidad se libró de las alegorías, que no hacen otra cosa que simplificar. Esa verdad no la supo Fuentes, que era una máquina de arquetipos.
¿La nueva literatura hispanoamericana va a surgir de Estados Unidos? ¿Estará escrita en spanglish?
Hay 57 millones de latinos en EU. El número es estratosférico. La literatura, la música, el cine, el teatro que se producen allí, en esa población hispánica, tiene ya un gran relieve mundial. Ese relieve se incrementará enormemente en las próximas décadas. A grado tal que el timón, el ápice, el eje de rotación de nuestra civilización en general se trasladará a esas latitudes en el siglo XXI.
Pasando al tema del spanglish, se trata de una lengua mestiza de enorme relevancia. Hoy se escriben novelas en spanglish que son traducidas al español para ser leídas en Buenos Aires, Bogotá o Ciudad de México. Hay campañas publicitarias en spanglish, discursos políticos y sermones eclesiásticos. Se escribe poesía, se montan obras de teatro. Yo mismo traduje el Quijote al spanglish y este año saldrá el primer volumen de cuatro de una adaptación de esta traducción en formato de cómic. Ahora bien, no creo que en el futuro la literatura latina en Estados Unidos vaya a ser monolingüe. Seguirá escribiéndose en inglés, en castellano y en spanglish.
Por cierto, el Diccionario de la Lengua Española aceptó incluir la palabra “espanglish”. Yo festejo este hecho aunque la definición que incluye el léxico es vergonzosa. Describe al espanglish como “una modalidad” del habla que mezcla el español y el inglés “deformándolos”. Me resultó inusitado que a estas alturas de nuestros conocimientos lingüísticos los sabios de la RAE sigan creyendo que una lengua deforma a las demás. Sabemos que no hay lengua viva que exista asilada de las demás, que no infrinja cambios en ellas y viceversa. Sobra decir que la impureza es la característica esencial de la cultura moderna.
La literatura subrayaba y a veces creaba los aspectos nacionales de cada país. ¿Qué arte se encarga de este trabajo en la actual Hispanoamérica, el cine, los libros o el cómic y la TV?
Los clásicos tienen una actitud curiosa: se rinden ante cada generación como si ésta fuera la primera que los lee. El tema de qué son los clásicos me inquieta profundamente. Te ofrezco un puñado de definiciones: clásico es el libro que todo el mundo conoce pero que nadie lee; el libro que acumula interpretaciones con el paso de tiempo, priorizando la más reciente como si fuera la de mayor importancia; y la definición que yo prefiero: clásico es un libro capaz de forjar una nación. Sin Don Quijote, no existiría España y mucho menos nosotros; sin Hojas de hierba, no existirían los Estados Unidos: y sin el Martín Fierro, no existiría Argentina.
Pero no veamos a los clásicos como una fait accompli. Se trata de libros, como decía Quevedo, “si no siempre entendidos, siempre abiertos”. Y de vez en cuando surgen nuevos clásicos, digamos Los de abajo o El llano en llamas entre nosotros, o Los detectives salvajes a nivel continental. Es decir que hay clásicos que están todavía a punto de escribirse…
Sobre si la literatura ha perdido vigencia en Hispanoamérica. Ciertamente… y no sólo en nuestro continente. A mí esto no me preocupa. La idea de que la literatura es un arte popular siempre me ha resultado incomprensible. Está escrita por pocos para pocos. Los bestsellers no son literatura sino entretenimiento. No cabe duda que a partir de los setenta, la palabra escrita le ha cedido el terreno a la imagen.
Esa imagen viene en formatos múltiples: el cine, la tv, el internet, el cómic. No me cabe duda que esta afición por la imagen nos obliga a procesar información de otra manera. Porque un libro nos hace pensar a través de abstracciones mientras que un cómic nos hace imaginar a través de secuencias.
En fin, yo no soy un catastrofista. El mundo, a mi parecer, no se está viniendo abajo…
¿Por qué, a pesar de que usted señala que “nuestra historia política es tan valiosa como la de cualquier parte del mundo” seguimos despreciándola desde dentro y desde afuera?
Porque otra virtud o defecto que nos caracteriza es el complejo de inferioridad. Creemos —acordamos creer— que lo que ocurre entre nosotros es siempre de segunda calidad, inferior a lo que ocurre en el mundo industrializado. Somos violentos, despiadados y sobre todo bestiales. Ponemos el instinto sobre la razón y desvaloramos al individuo como unidad civilizatoria.
¿La hispanidad saldrá ganando o perdiendo con la decadencia de EU?
Necesitamos desesperadamente de Estados Unidos, así como Estados Unidos necesita desesperadamente de nosotros. La relación es parasitaria, algo así como la ecuación que Jean-Paul Sartre estableció entre los judíos y los antisemitas; según él, el judío, para existir, necesita del antisemita y viceversa. La decadencia del imperio norteamericano no es un asunto momentáneo; se llevará a cabo durante varios siglos. Los mejores momentos en la historia del arte universal surgieron en momentos de plena decadencia, así que lo que ocurrirá será inquietante.
Y en efecto, la hispanidad saldrá ganando. Por varias razones: primero, porque nuestra cultura se fortalece al ser minoritaria; y segundo, porque la hispanidad todavía no ha tenido su momento ante el sol, para usar una metáfora bíblica. José Vasconcelos, que era menos un filósofo que un charlatán, se equivocó en muchas cosas. Pero acertó en una: la raza cósmica, precisamente por surgir del mestizaje, que es una forma de transculturación, ocupará un papel importante en el futuro. Será un futuro distinto a nuestro presente.
Acaba de morir Hugo Chávez, ¿fue una típica figura de la hispanidad?
Fue, me cuesta decirlo, un ícono, como Bolívar, Evita y el Ché. Un truhán, un mequetrefe, un sinvergüenza, el tiempo borrará sus atropellos y enfatizará sus aciertos, que fueron pocos. Por alguna razón, la civilización hispánica se deja hipnotizar por este tipo de caudillos.
En su libro no dice nada de las redes sociales, y sé que tiene twitter pero no lo usa. ¿Qué piensa de las redes sociales?
Visito mi página de Facebook con cierta frecuencia. Y lanzo un twitter cada que me acuerdo. Ninguna de estas redes me hace pensar de forma certera.. Siempre que lo uso tengo la impresión de estar leyendo galletas chinas.
Sea como sea, las redes sociales es una herramienta democrática por excelencia. Su presencia obliga a redefinir el concepto que tenemos de nación. Porque Facebook crea naciones dentro de otras naciones y lo mismo twitter. No hay gobierno que pueda ignorar su poder descomunal; y si lo hay, seguirá el rumbo de Siria bajo Bashar al Asad, que despreció su papel y terminó sumido en una guerra civil.
Desde el punto privilegiado de EU como el lugar donde se pude encontrar a muchos hispanos de toda América, ¿qué cree que pasara con la hispanidad?
Creo con firmeza que las coordenadas de norte y sur tendrán que ser redefinidas porque el sur vivirá en el norte y el norte en el sur. En el año 2025, uno de cada cuatro norteamericanos será de ascendencia hispánica. Para entonces habrá un presidente que venga de nuestra civilización, lo que no será una noticia necesariamente buena.
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