Luis Carlos Ugalde está sentado y con la pierna cruzada junto al balcón de su departamento desde donde se aprecian bien los rascacielos que rodean la exclusiva zona de Polanco. El vértigo que sientes será superado de inmediato por un retortijón en el estómago cuando escuches al ex consejero del IFE, que ahora preside una consultoría encargada de analizar el desempeño y comportamiento del Congreso, pintándote la Cámara de Diputados y el Senado en el ámbito mundial. No te levantarás de ahí con dudas de que los legisladores mexicanos son imperturbables defensores del campeonato de todo lo que se hace mal.

 

“El Congreso mexicano está en el extremo. Primero, porque es el quinto Congreso con más presupuesto en el mundo y el más opaco; segundo, porque el Senado es el que más comisiones tiene a nivel mundial y, tercero, porque los diputados tienen la cuarta Cámara con más comisiones. Sólo para darte una idea –te dice Ugalde-, la mayor parte de los legisladores del mundo tienen entre 10 y 20 comisiones, pero aquí el Senado tiene 62 y la Cámara 56. Entonces estamos en el extremo si pensamos en un Congreso ideal”.

 

Conforme la plática avanza descubrirás otras joyas que harán que maldigas hasta el cansancio al Poder Legislativo de tu país.

 

Al paso de los días, cuando crees que el retortijón se esfumó de tu barriga, éste reaparecerá a la velocidad con que una abeja entierra su aguijón cuando veas sentados a un grupo de diputados de todos los partidos y muy pocos sean capaces de sostenerle la mirada al auditor superior de la Federación en el momento que dice -sin ponerse de acuerdo con Ugalde- que a los coordinadores de los partidos políticos en el Congreso les molesta rendir cuentas, que poseen bolsas de dinero que usan con secrecía y que no hay nada que los obligue a transparentarse.

 

Luego te preguntarás: ¿Hasta cuándo acabará el manejo discrecional de los recursos?

 

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Como reportero cubriste la Cámara de Diputados más de siete años. Publicaste e insististe, como también lo han hecho tus colegas de otros medios, que los partidos políticos tienen una partida que le llaman subvenciones, que no es otra cosa que la multimillonaria bolsa secreta. Como respuesta obtuviste promesas de líderes de las bancadas políticas de que esa mecánica de recibir millones de pesos sin estar obligados a entregar facturas ni ningún otro comprobante iba a desaparecer. Nada más en la Legislatura 2009-2012 esa bolsa secreta significó mil  910 millones de pesos que exclusivamente, los seis o siete líderes de partidos, manejaron a su antojo.

 

Te darás cuenta que en todo ese tiempo el único avance es que aparecieron asociaciones como Integralia, de Ugalde, dispuestas a emprender una guerra incesante contra la opacidad e impunidad que prevalece en el Congreso. De la charla que sostuviste en su casa volverán a retumbar en tu cabeza, el día en que viste al auditor quejándose, las palabras con que Luis Carlos te contó la historia del Congreso.

 

“El tema central es que el Congreso mexicano es el principal actor de la exigencia de cuentas en un sistema presidencial y por lo tanto para que ésta funcione, el Congreso debe ser escrupuloso y exigente con su propia rendición de cuentas. Y en el caso mexicano hay una doble moral política, por un lado el Congreso exige cuentas al Poder Ejecutivo de manera deficiente, por cierto, pero estridente y por otro lado no es exigente con sus estándares propios para dar cuenta de sus gastos ni de sus procesos de decisiones ni de sus órganos internos y eso genera un doble estándar que simplemente distorsiona el sistema de rendición de cuentas en el país”.

 

También te aclarará que aunque el gasto del Congreso (más de 3 mil 500 millones de pesos del Senado y alrededor de 6 mil millones de la Cámara de Diputados) represente una porción mínima respecto al presupuesto total anual de la Federación es fundamental que la calidad y exigencia de sus cuentas sea muy escrupulosa para avanzar en toda la rendición de cuentas de la administración pública.

 

Ningún mexicano puede saber, ni siquiera mediante la ley de acceso a la información, en qué se gastaron esos mil 910 millones de pesos de la Legislatura pasada como tampoco se sabe para qué se usaron 511 millones que los jefes de las siete bancadas se repartieron tan sólo entre septiembre y diciembre del año pasado.

 

 

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El día que hablaste con Ugalde, sobre su mesita de centro había dos cirios blancos ligeramente consumidos y junto a ellos un periódico nacional que revelaba: “Los dirigentes de las siete fracciones partidistas en la Cámara de Diputados ejercerán este año (2013) recursos por más de 830 millones de pesos, de los cuales únicamente están obligados a comprobar 30%”.

 

Esto no puede seguir así, te dijo Ugalde, después de tomar el diario y arrugar la primera plana.

 

La nota seguía: “Los coordinadores deciden de forma discrecional si entregan el dinero a los integrantes de su bancada, como está estipulado en la normatividad de San Lázaro, o lo administran bajo sus propios criterios. Nada más las tres principales fuerzas en la Cámara (PRI, PAN y PRD) recibirán a lo largo de 2013 un total de 676 millones 400 mil 904 pesos”.

 

Eso significa que un sólo hombre como Manlio Fabio Beltrones, coordinador del PRI,  podrá manejar muy a su manera hasta 300 millones de pesos por ser el suyo el partido mayoritario y porque la propia ley interna así se lo permite.

 

Mientras, PVEM, Movimiento Ciudadano, Partido del Trabajo y Nueva Alianza recibirán en conjunto 153 millones 987 mil 96 pesos. Nadie se salva de ese manejo discrecional, ni Ricardo Monreal, de Movimiento Ciudadano, quien tanto habla y denuncia desde la tribuna del Congreso la corrupción e impunidad nacional.

 

Le preguntaste a Luis Carlos Ugalde qué representa esa manera tan “nacional o patriota” de repartirse así el dinero y él te contestó que significa que en el Congreso hay muchos recursos para propósitos políticos con el fin de satisfacer clientelas internas y externas y eso genera también un efecto contaminador en el proceso legislativo.

 

“Entonces cada vez que el Legislativo exige cuentas al Ejecutivo su propio vigor, ese con el que pide cuentas, se ve debilitado por su falta de transparencia”, te asegura.

 

 

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Entonces recordarás la sesión del 19 de marzo pasado cuando los aburridos trabajos legislativos que se desarrollaban y que tenían afuera del salón de plenos pero quién sabe donde a la mayoría de diputados, el tema de la transparencia, convirtió en un San Quintín los encuentros parlamentarios.

 

Todo empezó cuando la diputada Elizabeth Oswelia Yañez, quien desde hace años lucha por la “transparencia”, presentó un punto de acuerdo para que el presidente Enrique Peña Nieto hiciera público y con detalle los bienes que posee. Pues según el presidente en su afán de querer dar muestras de transparencia dio a conocer su declaración pública, la cual saldría contraproducente.

 

El politólogo Jesús Silva Herzog opinaría esto: Peña Nieto montó una coreografía para presentar su declaración de bienes. En realidad el Presidente hizo público el ocultamiento de lo que tiene. Su declaración patrimonial es una flecha que indica: aquí hay un escondite. El Presidente declara ser propietario de nueve inmuebles. En su declaración se da a conocer la superficie de los inmuebles pero no el lugar en donde se encuentran, ni lo más importante: su precio. Cuatro casas, cuatro terrenos y un departamento.

 

Por eso el punto de acuerdo parecía muy pertinente. La tranquilidad con que se desarrollaba la sesión se rompió. De pronto se dio un desfile de diputados que como hormiguitas en fila india volvieron a la sesión que despreciaban. Unos para defender a Peña Nieto otros para exigirle transparencia.

 

Los puntos de acuerdo se votan a mano alzada en San Lázaro, pero cuando la mesa directiva pidió el voto a simple vista parecía haber empate. La civilidad empezó a desdibujarse. Al principio gritos y chiflidos perturbaron la sesión. La presidencia de la Cámara ordenó abrir el tablero. Conforme se registraban los votos los números se emparejaban: 50 contra 50, 60 contra 60, 70 contra 70, así avanzaba. Los gritos y chiflidos pasaron a las risas, a las carcajadas, a las bromas. “No le saquen”, se escuchaba por allí. “Patrañas”, por allá. “Todos transparenten su declaración patrimonial. ¡No nomás quieren ver que la voluntad de Dios se haga en los bueyes de su compadre”, agregaba alguien más.

 

En ese tono iba la votación hasta que se registró un empate. La alianza PRI-PVEM sumó 213 votos contra el mismo número del PAN-PRD y otros grupos minoritarios. Con el ánimo de quien está en un centro de diversión y en la hora del aficionado la votación se repitió por tercera ocasión quedando: 223 contra 219 en contra de Peña Nieto.

 

Sobre ese espectáculo, Luis Carlos Ugalde también tiene opinión. Te dirá que predominó el escándalo y que la solicitud para que el Presidente detallara su riqueza se diluyó, más cuando se descubrió que la diputada del PAN que lo había solicitado y quien se había desempeñado como subsecretaría de la Función Pública tampoco había hecho publica su propia declaración.

 

“Cada vez que el Congreso pide cuentas, la sociedad en su conjunto exhibe al Congreso. Los mismos legisladores  muestran sus contradicciones y eso simplemente acaba por debilitar al Congreso.  El hecho de que el exhorto de la Cámara de Diputados al Presidente se haya diluido en la irrelevancia es en parte resultado de esta doble moral”.

 

-De por sí el punto de acuerdo es un llamado a misa- le dijiste cerca del balcón.

 

-Si el Congreso tuviera altos estándares de transparencia propios, esos llamados tendrían mucha fuerza; entonces sus exhortos son llamados a misa. Pero esos exhortos podrían tener mucha fuerza pública si el Congreso tuviera más transparencia interna.

 

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Luis Carlos Ugalde repetirá que en el último reporte de Integralia se documentó que el Senado mexicano es la Cámara con más comisiones en el mundo, en el caso de la Cámara es la cuarta con más comisiones en el mundo. “Es ridículo, es irrelevante y el problema no es el dinero, son varias decenas de millones extras cada año, el tema es que entre tanto burocratismo de comisiones que no funcionan”.

 

Para no quedarte con la duda recurrirás a tus viejas notas para recordar cuánto gastan los legisladores al año por cada comisión verás que nada más en 2007 cada comisión en el Senado gastaba 10 millones 177 mil 500 pesos y que el presupuesto se ha incrementado cada año.  Esos apuntes periodísticos te arrojarán un dato más para el retortijón. Que al inició de la actual Legislatura, en septiembre pasado, a Manlio Fabio Beltrones se le ocurrió crear 11 nuevas comisiones. Esto representó que cada mes el presupuesto tan sólo para el desempeño de los nuevos cuerpos legislativos requirió un extra de 4 millones 400 mil pesos, es decir 52 millones al año y 158 millones 400 mil pesos por los tres años que durará la Legislatura.

 

“Lo único que se genera con ello es una distracción de los puntos medulares de trabajo del Congreso y eso me parece que es muy lamentable porque tienes gasto opaco y un creciente burocratismo. Eso no ayuda a evaluar el desempeño de la Cámara de Diputados ni del Senado, definitivamente”, te lo sostiene Ugalde.

 

Te contará también que el Congreso mexicano junto con el de Costa Rica son únicos en el mundo debido a que no existen las carreras parlamentarias porque no hay reelección.  “Esto ha generado un efecto perverso donde todos los legisladores están de paso y cuando estás de paso lo único que haces es hacer actividades que te den visibilidad política para poder tener un trabajo futuro, eso es lógico,  y eso no es culpa de los legisladores es un problema de las reglas del juego”.

 

 

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Pero hay quienes saben reelegirse muy a su manera y son los que por sus méritos han logrado que el Congreso mexicano defienda su posición en el ranking mundial. Ugalde no lo tiene registrado pero le recordarás que falta poner en la mesa el tema de la nueva sede del Senado.  

 

Para ello se gastaron 4 mil millones de pesos, 248% más de lo planeado. Se detectaron diversas irregularidades en la obras y no hay responsables de nada. Es allí donde tiene razón Luis Carlos cuando dice que el tema central es que el Congreso mexicano es el principal actor de la exigencia de cuentas en un sistema presidencial y para que ésta funcione el Congreso debería ser escrupuloso y exigente con su propia rendición de cuentas. Con qué cara, por ejemplo, el PRI y su coordinador en la Cámara de Diputados, quien viene de ser el coordinador de los senadores, reclaman las mismas irregularidades y dispendio de la Torre Bicentenario de Felipe Calderón.

 

Pero hay algo peor. Mentiras y engaños. Y pocos han alzado la voz exigiendo cuentas. La construcción de la nueva sede del Senado permitiría ahorros. El Senado ahorraría más de 100 millones de pesos al año debido a que dejaría de pagar rentas de inmuebles. “El Senado de la República ha ahorrado más de 111 millones de pesos  del total de los 114 millones de pesos que pagaba anualmente por el arrendamiento de 12 edificios antes de la construcción de la nueva sede”, según informó en diciembre de 2011, un risueño Rodolfo Noble, secretario administrativo del Senado.

 

En el presupuesto 2012, sin embargo, para el Senado no apareció la reducción por concepto de rentas de otros inmuebles que se prometió traería consigo la construcción de la nueva sede. Este ahorro no se ha reflejado. Por el contrario, el presupuesto global aumentó el año pasado y para este también.

 

Ya ni hablemos de cómo se negocian las leyes ni de los cabilderos que pululan en las cámaras y presionan y hablan en privado con los legisladores ni de cómo se reparten los nombramientos de los consejeros del Instituto Federal Electoral. Ni de nada más. Ahí dejémoslo.

 

…Volverás a maldecir a tu Congreso.