El apagón administrativo en Estados Unidos suscita múltiples reacciones. Normal. No es fácil observar las cortinas de servicio de un gobierno cerradas. Podría suceder con el bar del barrio, el café de la esquina o la juguetería de la zona.  Tampoco es asimilable la idea de que sea Estados Unidos el país que cierra los servicios. Sin embargo, si reflexionamos un poco, ocurre en todo el mundo. En algunos países, a pesar de que tienen las ventanillas abiertas, debido a su baja productividad, la atención puede variar entre semanas y meses; entre semestres y años. En pocas palabras, abren las ventanillas pero la sensación es que las tienen cerradas.

 

Como sucede con la vida cotidiana, uno se sacude de la ficción a través de la economía. Es decir, en términos políticos, uno se sacude de la retórica a través de la economía. The New York Times reprodujo en su editorial de la edición de ayer la reacción que la congresista republicana, representante de Tennessee, Marsha Blackburn, tuvo sobre el apagón administrativo frente a las cámaras de Fox News. Palabras más, comas menos, dijo que la reducción del gasto es sana para la economía estadunidense. El número de servicios que han surgido en los últimos 20 años no tiene parangón con el número de servicios generados en los siglos anteriores.

 

Los críticos del apagón sacan la bandera keynesiana para decir algo similar a: “No que no; se los dijimos, la mano invisible (Adam Smith) no sirve, lo importante es que el Estado participe en la economía (Keynes).

 

La opinión de los congresistas demócratas choca con la de los republicanos. Sí, resulta una obviedad. El presidente Obama, incluso, ha declarado que su figura es víctima de una cruzada ideológica. Desde la arena del Tea Party, se confirma. No hay duda. Tampoco existe duda de que la función de la oposición es jugar al ajedrez. Quien se desgasta más es quien gobierna. Si revisamos la popularidad de Obama, se encuentra en los niveles más bajos de los casi cinco años de sus gobiernos. Así sucedió en 2011, a pocas horas del default, el techo de la deuda fue aprobado por los congresistas para evitar el colapso.

 

Pero quien no especula con emociones políticas es la economía. Es decir, lo que Blackburn pronunció frente a las cámaras de Fox News no necesariamente lo compartirán los agentes económicos.

 

1. La primera víctima del apagón administrativo es la confianza de los mercados y, por ende, de los empresarios. Sí, la inteligencia del mercado intuye que mientras el apagón no se prolongue hasta el 17 de octubre, las alteraciones en los movimientos de las tasas serán mínimas.

 

2. El mercado de crédito puede sufrir un congelamiento. Nadie presta dinero barato en épocas de incertidumbre.

 

3. Los niveles de gasto doméstico se encuentran sufriendo un ajuste no previsto, por lo que las externalidades negativas para, por ejemplo, restaurantes, se incrementan. En pocas palabras, que el gobierno ahorre, como lo señala la congresista Blackburn, no sólo repercute en las finanzas del Tesoro, sino de empresas privadas (y de manera negativa).

 

4. Pensar que al no pagarles a 800 mil empleados públicos se traduce en ahorro es una falacia. Las negociaciones entre demócratas y republicanos tendrán que escalar en productividad mientras se acerque el día fatal, 17 de octubre. La solución tendrá que llegar porque de lo contrario, no sólo Estados Unidos, sino que todo el mundo se colapsaría. A los trabajadores de museos, parques y oficinas públicas se les tendrá que pagar cuando se apruebe el presupuesto.

 

5. Moody’s Analitics estimó en 1.4% la caída del PIB cuatrimestral en 2011 debido al apagón. Algo más, la agencia situó en 0.7 puntos el incremento en las tasas hipotecarias, lo que se tradujo, en promedio, en 100 dólares por mes, el dinero que los deudores tenían que sumar a su deuda.

 

6. Las tasas de interés sufrirán presión de aquí al 17 de octubre. Un día después, de continuar el apagón, se dispararán, lo cual se traduciría en una ralentización del crecimiento económico.

 

Qué lindo sería que lo que pronunció la legisladora Blackburn se cumpliera. Soy de los que piensa que la mano invisible (Adam Smith) genera crecimiento, por ejemplo, en el empleo. Pero la economía se conforma por muchas variables. Al moverse una de ellas, puede cambiar radicalmente el panorama.

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