Una de las estampas más significativas del XIV Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), realizado este fin de semana, fueron, sin duda, los abucheos que destinaron a sus principales dirigentes.
El ganón en las manifestaciones de repudio –abucheo y rechifla retumbaban en el domo del Plan Sexenal– fue uno de Los Chuchos mayores: Jesús Zambrano.

Al ex presidente del partido y actual presidente de la Cámara de Diputados no sólo le tocaron “violines” al estilo más clásico; tampoco faltaron gritos y pancartas acusándolo de “colaboracionista”.
Otro de los integrantes de tan distinguido elenco fue uno de los nuevos empoderados en el sol azteca: Héctor Bautista, secretario general del partido y líder de la corriente Alternativa Democrática Nacional (ADN).
Y ni qué decir de quien se ha ganado el repudio generalizado de sus compañeros de partido en menos de un año al frente del PRD: Carlos Navarrete, su aún dirigente nacional.
Quiso pedir respeto para sus compañeros y terminó –al igual que la breve historia de su paso por la presidencia del sol azteca– recibiendo silbidos y un coro de gritos al son de ¡Fuera! ¡Fuera!
Otra imagen simbólica de este Congreso. Reiterada y repetitiva en los últimos años: Jesús Ortega (el verdadero factótum del partido), sentado codo a codo con su esposa, la senadora Angélica de la Peña y con su fiel escudero, Zambrano.
Otra escena distintiva más –ésta inesperada–: La ausencia del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera.
Además del alejamiento –tampoco se presentó, en señal de disgusto y protesta– del coordinador de la bancada perredista en el Senado, Miguel Barbosa, a quien Los Chuchos traen en la mira por habérseles salido del huacal y haber abandonado la corriente que le facilitó su andar en el PRD: Nueva Izquierda.
Hasta una nueva reforma promovieron a sus estatutos para ver si le pueden quitar el cargo: Facultar a las dirigencias –nacional y estatales– a deponer a los coordinadores parlamentarios que se alejen de la línea política del partido.
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BASAVE, NOMÁS POR UN RATITO.- Para quienes andan muy emocionados por la posibilidad de que Agustín Basave se convierta en presidente del PRD y, sobre todo, de que logre hacer un cambio profundo dentro del partido, ahí les va un detalle a tomar en cuenta:
La reforma que se aprobó en el Congreso –hasta donde entendimos– permite efectivamente que el académico sea electo presidente del PRD: se eliminó la antigüedad mínima de dos años de afiliación para poder ser dirigente del partido y el haber ocupado un cargo de elección popular “del partido” o contar con el aval de 25% de los consejeros nacionales.
Pero, y he aquí el punto importante, la reforma estatutaria se delimitó al periodo que concluye en 2017 (el que le correspondía a Navarrete). Al mero interinato.
El bloque conformado por Nueva Izquierda y Foro Nuevo Sol (el poder de Los Chuchos y Los Amalios) se opuso a la reforma que permitiría la reelección inmediata del interino.
O sea, Basave –si es electo– apenas si tendrá tiempo de sentarse y tratar de tomar los hilos del partido antes de entregarlos de nuevo.
Por supuesto, no podrá conducir el proceso electoral para la Presidencia de la República en 2018.
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LOS CHUCHOS ESCONDEN LA CABEZA.- Dizque pegan de gritos, dizque exigen justicia, dizque demandan a sus dirigentes involucrados en la postulación de José Luis Abarca a la presidencia municipal de Iguala ponerse a disposición de las autoridades…
Pero lo cierto es que, aun cuando tienen los nombres de todos y cada uno de los involucrados –todo aparece en el informe que presentó la comisión encabezada por Pablo Gómez–, a la hora de la hora ni siquiera mencionaron sus nombres, sus cargos y mucho menos la corriente a la que pertenecen: Nueva Izquierda.
Ah, y como perla de tan emblemático momento: quien leyó ese resolutivo fue la esposa de Ortega: Angélica de la Peña (presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado). De Nueva Izquierda, por supuesto.
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GEMAS: Obsequio del pleno del Congreso Nacional del PRD con vista a las elecciones de 2016: “Sólo en determinadas condiciones y para propósitos políticos específicos, se considerarán, excepcionalmente, alianzas electorales más allá de la izquierda y las fuerzas progresistas, pero en ningún caso con el PRI”.
