Cruzaban el primer semestre del 2014. Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, cumplía sus primeros meses recluido en Almoloya, el penal del Altiplano (lo detuvieron el 22 de febrero).

 

Uno de esos días, Celina Oseguera Parra, directora nacional de los 22 Centros Federales de Readaptación Social (Ceferesos) que hay en el país, y Valentín Cárdenas Lerma, director general de la prisión insigne de alta seguridad que albergaba al sinaloense, sostenían esta conversación:

 

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–Por favor, pon más atención con Vicente (en realidad Oseguera no dijo este nombre, sino otro, con el que identificaban en clave a El Chapo)…

 

–No te preocupes por él–, contuvo Cárdenas.

 

–Refuerza la seguridad–, insistió la abogada.

 

–No es necesario. Él (Guzmán Loera) ya me prometió que se iba a portar bien. “Usted preocúpese por otros, yo no le voy a dar lata…”, me dijo. Me lo prometió. Y no ha dado un solo problema de mala conducta.

 

–Le va a causar problemas…, no lo conoce. Él es así…–, advirtió la especialista en criminalística, recordándole su alto perfil intelectual (lo cual implicaba que no iba a dar problemas de conducta, ni de agresiones, ni exigencias) y sobre todo, lo metódico que era.

 

–¡Usted no se preocupe! –reiteró el director de Almoloya–, yo ya hablé con él y me prometió que no va a dar problemas.

 

Pasaron las semanas. Efectivamente, no hubo un solo reporte de mala conducta de Guzmán Loera.

 

Sin embargo, un incidente sí recuerdan algunos de los trabajadores del penal: En una ocasión que registraron a El Chapo vieron que traía un papel en la mano. Trataron de quitárselo pero no pudieron. En cuanto le descubrieron el papel, El Chapo se lo echó en la boca y se lo tragó.

 

Cárdenas pidió entonces al director de seguridad que le “bajaran” a las revisiones; que fueran “menos agresivos” para con el señor. Después de todo, era un buen reo y, tal como le había prometido, no le causaba problemas.

 

Celina Oseguera pensó entonces: “O lo tiene sorprendido o lo tiene intimidado”.

 

Sabía que no se trataba de una cuestión de corrupción. Conocía bien a Valentín. El director del penal acababa incluso de pedir un crédito a favor de su hijo.

 

Pensó mejor en ayudarlo. Sacarlo de ahí, de Almoloya. Pedir su cambio. Lo hizo en octubre del año pasado la primera vez. Arguyó que Valentín se veía cansado, que estaba bajo mucho estrés (lo cual es cierto, pues sólo salen del penal una vez cada 15 días), que era conveniente rotarlo.

 

El titular del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, Juan Ignacio Hernández Mora, no hizo mayor caso.

 

Volvió a pedir el cambio de Cárdenas en diciembre Juan Ignacio Hernández Mora –y luego en los primeros meses de este año (hay copias de esos oficios)– y tampoco se autorizó el cambio.

 

El propio Valentín Cárdenas pidió en diciembre su retiro. Le respondieron que esperara, que esas fechas no eran buenas para que se fuera, que como era época de celebraciones, era peligroso que dejara la dirección del penal en esos momentos.

 

Se quedó. Y el preso modelo, ese que le dijo que no se preocupara y le prometió que se iba a portar bien, ni siquiera se despidió de él.

 

Eso sí, le dejó un espacio para él… en las celdas.

 

Y Celina Oseguera se las ve duras, en plena batalla legal desde el penal de Nayarit.

 

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NINGUNO DE LOS DOS PIDIÓ PERMISO.- Por cierto, se ha manejado la especie de que tanto Celina Oseguera como Valentín Cárdenas pidieron permisos extraordinarios para faltar el día que se fugó El Chapo.

 

Hasta donde sabemos, no hubo tal. A Cárdenas le tocaba descanso ese fin de semana de acuerdo con el rol que se tiene hecho desde meses atrás. Más del año.

 

Y Oseguera –cuya función cuando le toca guardia es estar disponible, desde su casa o en cualquier otro lugar, para cuestiones jurídicas o administrativas de alguno de los 22 penales del país que tenía a su cargo– no había pedido permiso alguno. Simplemente le tocaba su descanso normal (se hallaba en Colima visitando a su madre).

 

La única persona que cambió su rol ese día y que además sí tenía que estar físicamente en el penal de El Altiplano fue el director técnico, Librado Carmona García. En su lugar estuvo ese día Leonor García García, directora del área jurídica del Cefereso (actualmente detenida).

 

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GEMAS: Obsequio del Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, sobre la reclusión de Valentín Cárdenas en Almoloya: “Ya se va; sería absurdo que se quedara (ahí)”.

 

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