Es tal la borrachera de triunfo que traen los de Morena con los resultados que obtuvieron en el Distrito Federal, que creen –y como tal actúan– que con eso tienen ya suficiente para ganar en 2018 la Ciudad de México ¡y hasta el país entero!
Apenas si llevan unas cuantas semanas en sus nuevos cargos –trátese de diputados o delegados– y en cualquier charla, venga o no a cuento, advierten ensoberbecidos:
“Vamos a ganar la Presidencia de la República con Andrés Manuel López Obrador y vamos a gobernar este país”.
Pero el tufo de arrogancia que permea sus discursos, desde que arrebataron al PRD su principal bastión, pasó de inmediato a la acción bajo la batuta de Martí Batres y, por supuesto, han ido de fracaso en fracaso hasta el punto de la humillación.
El mejor ejemplo es lo que les ha sucedido a los morenos en la Asamblea Legislativa capitalina (ALDF), donde Martí puso como coordinador de la bancada mayoritaria de Morena –20 diputados– a uno de sus operadores más cercanos: César Cravioto.
¿Qué ocurrió? En resumidas cuentas –gracias a la línea martiniana de no aliarse con nadie porque ellos son los únicos libres de pecado– de nada les valió la mayoría:
–No lograron encabezar la Comisión de Gobierno (la perdieron por los tres años consecutivos frente al PRD en alianza con el PAN); perdieron las principales comisiones de la ALDF; los marginaron –ya va en camino el proceso– del reparto administrativo de la Asamblea, y para cerrar con una carcajada más de sus opositores, ¡hasta las oficinas más feas les dejaron!
El gran error, como ya mencionamos, fue la soberbia y la torpeza –de Martí y Cravioto– al no hacer política con los grupos parlamentarios para construir el acuerdo de gobernabilidad.
“No me gusta grillar, quizá por eso es complicada la relación con los diputados de otros partidos…”, se defiende el jefe de la bancada morena ante su debacle en la ALDF.
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TAMBIÉN GUERRA INTERNA.- Ni el campanazo logrado al conseguir el paso de la ex perredista Aleida Alavez a las filas de Morena logró que la mancuerna Martí-Cravioto consolidara su mayoría en la Asamblea.
Al contrario, ambos personajes –junto con Clara Brugada y compañía– no tardaron en romperle toditita a la bejaranista. De la manera más turbia, sin avisarle siquiera, la quitaron de la Comisión de Gobierno de la cual formaba parte.
La defenestraron en un dos por tres sin importar lo que ocurría dentro de la Asamblea.
De paso, exhibieron a Morena como igual a los demás partidos: sucios, desleales y sin principios. Nada de que son diferentes.
Y es que Brugada, también en plena borrachera triunfal, se cree dueña y señora de Iztapalapa –perdió la elección por la delegación– y no admite que alguien le haga sombra (Alavez es iztapalapense).
Ocurrido el desaguisado, Andrés Manuel López Obrador intervino personalmente para “rescatar” a Aleida: A la semana siguiente se llevó a Alavez a su gira por Oaxaca y la nombró responsable de Morena en la Mixteca.
A tapar el pozo después del niño ahogado, pues.
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DELEGACIONES MONOCOLOR.- Los nuevos delegados de Morena en el DF tampoco cantan mal las rancheras.
Salvo el caso de Ricardo Monreal en la Cuauhtémoc, donde desde su toma de posesión se vio una participación social y política plural, los demás delegados están repartiendo cargos únicamente a morenistas…
¡Qué va!, me equivoco, ni siquiera a morenos en general, sólo a miembros del propio grupo. A saber: los allegados a Claudia Sheinbaum (Tlalpan), a Rigoberto Salgado (Tláhuac) y a Avelino Méndez (Xochimilco).
El caso de Pablo Moctezuma Barragán, en Azcapotzalco, es peculiar, pues ahí Clara Brugada –con quien Pablo está muy vinculado– ha rellenado los principales cargos administrativos.
Y todos, eso sí, han recibido a algún recomendado que les ha enviado AMLO.
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