–Toc, toc… ¿Queda alguien vivo?

 

Esta es una de las bromas que sueltan los panistas cuando platican sobre lo que ocurre en su partido.

 

Y es, subrayemos, una referencia amable frente a lo que se dice en corto –o de plano se guarda temeroso silencio– sobre la persecución desatada desde que perdieron la Presidencia de la República, y que en este 2015 alcanzó tintes al estilo Robespierre.

 

“Traición” y “parricidio”, fueron los calificativos que más se escucharon en el terreno blanquiazul.

 

Se le atribuyeron en particular a su dirigente nacional, Ricardo Anaya Cortés, quien en unos cuantos meses pasó de ser el “joven maravilla” que deslumbró a propios y extraños por sus brillantes discursos en la Cámara de Diputados, al “ambicioso parricida” que pavimenta su camino hacia la candidatura presidencial destruyendo a sus posibles contrincantes y haciendo y deshaciendo grupos al interior del PAN.

 

El principal “cadáver político” de esta historia fue Gustavo Madero Muñoz.

 

Cierto que Madero se pasó de codicioso –yendo y viniendo a su gusto del partido, obsequiando favores o cobrando “deslealtades”–; y cierto también que Anaya no cumplió los acuerdos que le obsequiaron la sucesión de Madero, convirtiéndolo en el presidente de Acción Nacional.

 

El chihuahuense no sólo no obtuvo la coordinación del grupo parlamentario del PAN en la Cámara de Diputados (ese fue el principal acuerdo, con la idea de que desde ahí se catapultaría hacia la candidatura a la Presidencia de la República), sino que a la hora de la hora, Anaya ni siquiera le abrió espacio para encabezar alguna comisión significativa.

 

Acabó con sus aspiraciones. Borró a Madero del escenario político.

 

Pero eso no fue todo. El queretano todavía hizo escarnio de Madero dejándole en un lugar apartado en el presídium y paseándole en las narices –dándole además un trato de primerísima- a su archienemigo: el ex presidente Felipe Calderón. Y eso, en plena Asamblea Nacional Extraordinaria del PAN.

 

Revivir” a los Calderón en esa Asamblea, realizada en noviembre pasado, tendría un propósito más: Contener la carrera hacia la candidatura por la Presidencia de la República del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle.

 

Margarita Zavala –a quien Moreno Valle no tolera–retomaría bríos a partir de ahí en su lanzamiento por la candidatura.

 

Pero desde la perspectiva de Anaya, Margarita no sería más que una bola de humo (aunque las encuestas la sitúen como favorita), pues a quien le ve realmente fuerza en la estructura territorial panista y alianzas con varios gobernadores es a Moreno Valle.

 

En todo caso, hay guillotina para lo que se ofrezca.

 

Ante este ambiente, bajo los escenarios descritos, difícil es que algún panista se atreva a disentir o a levantar la voz a su dirigente nacional. La mayoría calla y mira cómo el presidente de su partido mueve las piezas, negocia posiciones, corta cabezas y va encumbrando a la mediocridad.

 

Son, comentan desde sus filas, “tiempos de oscurantismo” para el blanquiazul.

 

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Padrés y la corrupción.- El tema de la corrupción corroe al PAN. La ética y la moral que propugnaban se fueron por la borda desde que ganaron la Presidencia de la República en el 2000, el problema se agudizó en el sexenio de Felipe Calderón y se convirtió en escándalo en los últimos años bajo la figura de los “moches”.

 

Este año está en la mira el ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías. La Procuraduría de Justicia está cerrando el círculo –han sido cateadas diversas propiedades de allegados y familiares– que bien podría llevarlo a la cárcel bajo el cargo de lavado de dinero.

 

A los panistas les resulta complicado defender a Padrés (aun cuando ven una buena dosis de venganza del PRI) porque hay un clamor en la sociedad sonorense por ver al ex mandatario tras las rejas.

 

Pero hay casos también donde los valores están invertidos. Cosa de ver el proceso que se le ha iniciado a Manuel Gómez Morín Martínez del Río, nieto del fundador del PAN, para ser expulsado del partido. ¿Por qué? Por denunciar que el presidente municipal panista de Naucalpan, Édgar Olvera Higuera, no radica en ese municipio, lo cual haría inválida su elección del mes de junio.

 

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GEMAS: Obsequio de Jorge Luis Preciado, candidato del PAN al gobierno de Colima: “Uno de los más graves problemas que padece Colima es el altísimo nivel de corrupción al que llegó el gobierno anterior”.

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