Ayer escuché hablar a Miguel Ángel Mancera en el Senado y he de decir que me sorprendió.

 

A diferencia de hace tres años –su etapa como candidato al gobierno de la Ciudad de México–, e incluso de sus primeros años como gobernante, su discurso ahora está mejor estructurado y su actitud es más suelta.

 

Da la impresión de que se siente a gusto consigo mismo y de que ya encontró la imagen que desea reflejar.

 

Cierto que el acto en el Senado era muy cómodo para él. Los legisladores lo invitaron para hacerle un reconocimiento por su programa Médico en tu Casa. Proyecto innovador que a decir de Roberto Gil Zuarth, presidente de la Cámara alta, “representa una segunda generación en materia de políticas públicas de salud”.

 

Pero más allá del apapacho de los senadores de distintos partidos –comenzando por Miguel Barbosa y Dolores Padierna, cabezas de la bancada perredista– Mancera muestra ya un manejo fácil del discurso (al menos el relacionado con el programa en cuestión), improvisa bien y no se enreda ni se pierde como antes.

 

Es importante esto porque el proyecto de Médico en tu Casa es precisamente el caballito de batalla que eligió Mancera para arrancar su (pre)campaña y tratar de posicionarse rumbo a 2018.

 

De entrada comentó que llevaría este programa de salud a siete u ocho estados de la República –“y ojalá lo pudiéramos implementar en todo el país”, indicó– y a unos tres o cuatro países de América y Europa.

 

La “ola blanca” iniciada en la Ciudad de México, comentó, contabiliza a la fecha más de dos millones 200 mil visitas domiciliarias y ha incorporado brigadas de médicos y enfermeras del Politécnico, de la Universidad Nacional, de hospitales privados…

 

Y pinta para extenderse aún más. Desde ahí abrirá brecha en busca de la Presidencia de la República.

 

Tan claro quedó que este programa de Médico en tu Casa le serviría como estrategia de campaña, que al final del evento los reporteros se lo preguntaron directamente.

 

Mancera lo negó, claro. Pero a nadie le cupo duda que así será.

 

Y además, como ya lo mencionábamos, el jefe de Gobierno ya se ve listo para ir en busca de la grande.

 

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Aguijones de la CIDH.- Del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre nuestro país, hay aguijonazos que revolcaron de coraje a algunos funcionarios del gobierno mexicano (tanto que no tardaron en responder que el informe no era objetivo, ni estaba bien sustentado, ni reflejaba la situación general en México, ¿verdad?).

 

–Uno de ellos, sin duda, es el que precisa que el cambio de administración (Enrique Peña Nieto por Felipe Calderón) no trajo una modificación sustancial en los niveles de violencia que se desataron en la administración del panista al lanzar su campaña contra el crimen organizado en 2006.

 

–Otro, la declaración clara de que la práctica de la tortura en México “es alarmante” y coincide con lo dicho por otros organismos internacionales en el sentido de que en nuestro país la tortura “es generalizada”.

 

–Tercero: La insistencia en que el gran desafío del Estado mexicano es romper “el ciclo de impunidad imperante”.

 

–Uno más: El que insten al Estado mexicano “a brindar acceso a los expertos del GIEI a entrevistar a todos los testigos (del caso Ayotzinapa), incluyendo los integrantes del 27 Batallón de Infantería, que estuvieron presentes en los hechos ocurridos en Iguala los días 26 y 27 de septiembre de 2014”.

 

–Y como cereza del pastel, la declaración del presidente de la CIDH, el estadunidense James Cavallaro, a propósito de la actitud del gobierno mexicano para registrar la realidad y buscar soluciones: "Es como todo en México. Ni sí, ni no".

 

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GEMAS: Obsequio de Héctor Yunes (pre)candidato del PRI al gobierno de Veracruz: "En los últimos tiempos, por un puñado de insensibles hemos padecido críticas; pero eso no es el priismo".

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