El 2 de enero de 2012, Maximino García Baldazo recibió una descarga eléctrica mientras realizaba su trabajo con líneas energizadas para la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Ciudad Victoria, Tamaulipas; como resultado del incidente, Maximino (actualmente de 51 años) perdió ambos brazos. Al día de hoy, le espera un largo proceso de rehabilitación, tras recibir dos nuevos miembros gracias a una donación.

 

“Este tipo de accidentes es común, porque el trabajo es riesgoso”, asegura García Baldazo a 24 HORAS al acudir a su terapia de rehabilitación en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

 

Sin embargo, el año pasado, gracias a la intervención de un grupo de médicos  de 15 especialidades diferentes, recibió un trasplante de brazos.

 

“Fue un trasplante del brazo izquierdo, que había sido amputado entre el codo y el hombro; y el brazo derecho, que me  había sido retirado en toda su longitud, desde el hombro”, resalta el ahora pensionado.

 

En 2012, después de sufrir el accidente, “Max” (como le dicen sus amigos)  despertó en el hospital padeciendo delirios; pero con la ayuda de su esposa Belinda y sus hijos logró recuperarse moralmente y aceptar la realidad de que era dependiente de ellos al 100%.

 

Con la voz entrecortada, relata que su familia nunca lo  abandonó  y que si no hubiera sido por el cariño, la tolerancia y la paciencia de los suyos, su historia sería muy diferente. “Se me notaba mucho porque mis amputaciones eran visibles, le sorprendía mucho a la gente; pero ahora paso desapercibido”

 

Por su parte, el jefe de Cirugía Plástica del Instituto, el cirujano Martín Iglesias recordó  que estando en un congreso médico en Cancún, el 15 de octubre de 2015,  recibió una llamada alertando que había un donador para Maximino, por lo que él y su equipo regresaron a la Ciudad de México inmediatamente para realizar la operación.

 

Ahora, gracias a sus nuevos brazos, Maximino es capaz de abrir una puerta, aunque con trabajos: “Es un avance; pero sé que tengo posibilidades de sentir más  y vamos a seguir adelante con la rehabilitación”.

 

Aunque aún le falta un largo camino por recorrer, Maximino está agradecido con la familia del hombre de 30 años de quien, tras sufrir muerte encefálica, obtuvo los miembros en donación, así como con los médicos que hicieron posible el milagro de volver a sentir sus brazos.