Aunque México ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBT+, quienes forman parte de ella aseguran que la discriminación sigue siendo una realidad cotidiana. El rechazo familiar, las agresiones y el temor a denunciar son los principales obstáculos que enfrentan a pocos días de la Marcha del Orgullo.
El activista Gerardo Sánchez compartió con 24 HORAS las experiencias que ha enfrentado debido a su orientación sexual y afirmó que la discriminación “es una batalla diaria”.
“Para quienes crecimos en las décadas de los 80 y 90 fue muy difícil. Había mucho miedo y rechazo, pero eso no ha cambiado del todo, porque todavía existe la incertidumbre de si al salir a comprar, realizar un trámite o acudir al médico te van a tratar con respeto”, expresó.
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Por su parte, Lizzie, estudiante de 16 años, relató haber enfrentado rechazo y cuestionamientos por parte de familiares y compañeros de escuela debido a su preferencia sexual.
“Me decían que estaba confundida, que era muy joven para saber lo que sentía y que con el tiempo cambiaría de opinión, como si mis sentimientos no fueran reales. En la escuela tuve que enfrentar burlas e incluso rumores”, comentó.
Aunque en los últimos años ha aumentado la visibilidad de la comunidad LGBT+ y se han impulsado acciones para promover el respeto a la diversidad, ambos coincidieron en que aún existen retos importantes para alcanzar una inclusión plena. “Todavía hay una deuda pendiente en materia de derechos e inclusión”, sostuvo Gerardo.
Impacto emocional, una acumulación de malas experiencias
El activista explicó que el impacto emocional no suele derivar de un solo episodio, sino de la acumulación de experiencias de rechazo, exclusión y agresiones a lo largo de la vida: “Es la suma de todas las violencias que experimentamos desde que tenemos uso de razón”.
En el caso de Lizzie, las agresiones incluyeron violencia verbal, psicológica y digital, además de comentarios descalificadores sobre sus emociones, así como señalamientos de carácter religioso.
“He escuchado comentarios como que no he conocido a un hombre de verdad o que me voy a ir al infierno. También están las miradas de desaprobación o la incomodidad de algunas personas cuando estás con tu pareja”, relató.
La joven recordó que una de las experiencias más difíciles ocurrió cuando sus padres la presionaron para mantener una relación heterosexual con la intención de modificar su orientación sexual.
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Ante este panorama, ambos coincidieron en que muchas personas optan por ocultar su orientación sexual para evitar actos de discriminación.
“Cuando no lo saben, te tratan normal. Pero cuando se enteran, a veces cambia la forma en que te ven o te tratan”, explicó Lizzie.
A ello se suma que gran parte de las agresiones no son denunciadas. Al respecto, Gerardo consideró que la impunidad representa un obstáculo adicional para las víctimas.
“Estamos en un país donde la mayoría de los delitos quedan impunes y las minorías suelen enfrentar condiciones todavía más difíciles”, indicó. Ambos atribuyeron estas conductas a la falta de información y señalaron que la educación es una herramienta fundamental para combatir la discriminación, promover una cultura basada en el respeto, inclusión y convivencia pacífica.
