Héctor Zagal (Profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana)
Mientras aquí abajo uno abre el periódico y encuentra la cuota diaria de violencia y mezquindad, allá arriba Artemis II fue alrededor de la Luna y volvió. No tengo los conocimientos técnicos para comprender del todo las particularidades de la misión, los detalles finos de la trayectoria, los sistemas de navegación o la coreografía precisa entre cohete, cápsula y gravedad. Pero no hace falta ser ingeniero aeroespacial para reconocer una buena noticia cuando aparece.
La misión no fue menor. Fue el primer sobrevuelo humano de la Luna en medio siglo. La tripulación despegó el 1 de abril de 2026 y amerizó el 10 de abril frente a San Diego, al término de un viaje de casi diez días. En el camino, además, superó la distancia máxima a la que habían llegado seres humanos desde la Tierra, marca que ostentaba el Apollo 13 desde 1970. No está mal para una especie que a veces ni siquiera consigue organizar con decencia un debate público.
Sería ingenuo, sin embargo, no hablar de cómo las grandes potencias no suelen mirar el cielo sólo por amor a la poesía. Mientras unos ven en la Luna una promesa para la humanidad, otros alcanzan a ver, desde ya, una futura cuenta de resultados escondidos tras una muy redituable explotación de recursos. La épica siempre viaja acompañada de un contador.
Así la exploración podrá convertirse, poco a poco, en prospección; la admiración científica será escoltada por abogados, fondos de inversión y ministros de economía; la Luna dejará de ser símbolo y se convertirá en inventario. Para qué fingir sorpresa. La humanidad lleva siglos mezclando maravilla y codicia con una eficacia admirable.
Aun así, prefiero quedarme, por ahora, con la parte luminosa. En una temporada histórica más bien turbia, Artemis II permite levantar la vista con optimismo. Sí, las cosas están mal. Sí, probablemente las grandes economías ya estén soñando con enriquecer sus balances fuera de la Tierra. Pero incluso con ese telón de fondo, ver a seres humanos rodear la Luna y volver sigue siendo un recordatorio valioso de lo que todavía somos capaces. No entenderé los detalles técnicos. Entiendo, en cambio, algo más simple, que no toda grandeza ha desaparecido.
