Una intervención diplomática de Kenia presionó a Moscú para que detuviera el reclutamiento de ciudadanos kenianos en la guerra de Rusia contra Ucrania, cerrando así una polémica red que había atraído a más de mil kenianos al conflicto mediante esquemas de reclutamiento engañosos.

Tras las conversaciones mantenidas en Moscú el 16 de marzo, el ministro de Asuntos Exteriores de Kenia, Musalia Mudavadi, anunció que los kenianos ya no serían aceptados a través del Ministerio de Defensa ruso, al declarar que «ya no podrán ser reclutados».

La decisión se produjo tras la creciente indignación en el país. Informes de inteligencia presentados al Parlamento keniano revelaron una extensa red de reclutadores que prometían lucrativos trabajos civiles en el extranjero —a menudo como conductores o personal de seguridad— antes de enviar a los reclutas a bases rusas y, finalmente, al campo de batalla.

Los informes describieron un sistema que involucraba agencias privadas, funcionarios y rutas transfronterizas a través de países vecinos. A algunos reclutas se les ofrecieron presuntamente salarios superiores a los 2 mil dólares mensuales, grandes bonificaciones e incluso la ciudadanía rusa.

Manifestantes frente al Parlamento portaban retratos de hijos y hermanos desaparecidos tras viajar al extranjero por motivos laborales. Una madre imploraba que se esclarecieran los hechos: «Si está vivo, tráiganmelo de vuelta. Si está muerto, tráiganlo también». Las cifras oficiales muestran que al menos 89 kenianos están desplegados en el frente, decenas están hospitalizados y otros se encuentran desaparecidos. Al menos 30 han
sido repatriados.

El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, afirmó que los extranjeros que luchan junto a las fuerzas rusas lo hicieron voluntariamente.

Las autoridades kenianas refutan esta versión, argumentando que muchas víctimas fueron engañadas por traficantes. El líder de la mayoría parlamentaria en Kenia, Kimani Ichung’wah, advirtió que los reclutas apenas recibían entrenamiento antes del combate, afirmando que, en la práctica, «les daban un arma y los enviaban a morir».

Ucrania estima que más de mil 700 combatientes de 36 países africanos se han unido a las filas rusas, en el marco de una mayor dependencia de “mano de obra” extranjera que también incluye a miles de soldados norcoreanos desplegados desde 2024.

El gobierno de Kenia, sin embargo, fue cauteloso. Mudavadi enfatizó la larga relación entre Nairobi y Moscú, insistiendo en que la disputa no debería afectar los lazos bilaterales.

@AlonsoTamez