Ahora sí que el presidente Donald Trump y su corcholata Marco Rubio se tiraron al suelo con un documento estratégico de seguridad nacional de 100 hojas para caracterizar a Cuba -que hoy se encuentra en nivel Haití- en “la capital del comunismo del siglo XXI”.

El texto del Departamento de Estado sólo merece atención en tanto que representa la justificación de la Casa Blanca para violentar todas las reglas de la convivencia entre las naciones y dar el zarpazo final contra la isla del Caribe que se está ahogando en su propia ineficiencia con un socialismo-comunismo ineficiente y empobrecedor.

La única explicación al documento estaría en que el secretario Rubio proviene de una familia cubana exiliada por el movimiento guerrillero de Fidel Castro que ganó el poder en enero de 1959. Pero en términos reales, algunos analistas estadounidenses están rezando para que Estados Unidos no se engulla a Cuba porque tendría efectos más negativos que positivos.

Si se quisiera ser más preciso, la verdadera capital del comunismo del siglo XXI está en Beijing y nada tiene que ver con la doctrina de Marx, Engels y Lenin, sino que se explica más en función de un capitalismo en modo estadounidense pero sin democracia política ni electoral.

El documento de Rubio llegó casi 75 años tarde a Estados Unidos, pues en su redacción insiste en la existencia de un movimiento guerrillero en forma de gobierno, pero con resultados de empobrecimiento total de las mayorías cubanas y el enriquecimiento deshonesto de la élite revolucionaria que tiene el poder siempre que les democráticas desde el 1 de enero de 1959.

Si se cumple el deseo de EU en el documento de Rubio, la Casa Blanca tendrá que cargar con la rémora de un país ya no viable, en situación de hambruna tipo Haití y con una organización comunista de la época de las cavernas.

 

Zona Zero

  • Mal hace la estrategia de comunicación social del Gobierno federal en promover como grandes triunfos los datos coyunturales de disminución de la violencia delictiva en las semanas del Mundial de futbol. Y el país no tuvo que ir muy lejos por encontrar la respuesta de la realidad: media República ya no tiene tanta violencia, en tanto que la otra media se sigue ahogando en asesinatos, corruptelas, violencias callejeras y toda la lista de delitos que forman parte de la vida cotidiana desde 1984.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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