La amenaza lanzada por el presidente Trump el sábado 10 de enero en el sentido de que estaba casi a punto de autorizar la invasión militar de México para perseguir a los cárteles del narcotráfico pareció diluirse la mañana del lunes 12 con una llamada telefónica de 15 minutos de la Presidenta mexicana con el presidente estadounidense.

Trump parece que estaba en esos momentos que dicen que puede haber sido producto de un ligero derrame cerebral y por lo tanto con pérdida de la sensibilidad de la realidad o estaba en sus juegos de guerra en su red social o de plano se fue de la boca y adelantó planes en operación.

La respuesta mexicana fue de temor, como lo revelaron notas especiales del The New York Times y del The Wall Street Journal, citando fuentes no identificadas, pero que en el periodismo norteamericano suelen cumplir con la credibilidad de dos informantes sobre un mismo tema, algo que fortaleció el The Washington Post en el caso Watergate.

En la mañana del lunes, la presidenta Sheinbaum no pudo ocultar cierto estado de tensión política al referirse a la conversación con el presidente Trump, y luego algunos funcionarios se atrevieron a señalar que la invasión sí es latente, aunque en porcentajes menores.

Y la semana cerró con una ley presentada en el Capitolio por congresistas demócratas y cuatro republicanos para intentar aprobar un mandato legal para impedirle a Trump invadir México y atacar cárteles, un hecho histórico en la vida política de Estados Unidos y su vecino del sur. La sola existencia de esa iniciativa dejó entrever que la cocina expansionista de la Casa Blanca tiene en el horno la decisión de invadir México.

Este tema de la invasión no debe analizarse de manera aislada, sino contextualizarse con la determinación oficial de Trump de comprar Groenlandia o invadirla militarmente, para fortalecer su escudo ante Rusia.

Así que hay que irse preparando porque todavía no nos hemos salvado.

 

Zona Zero

  • En términos geopolíticos, la captura de Groenlandia --comprada o invadida-- podría ser analizada en un contexto histórico que no quisiera recordarse: la invasión de Hitler a Polonia como principio de la Segunda Guerra Mundial y la intención alemana de convertirse en el ombligo del planeta. Lo que queda es esperar que Marx haya tenido razón cuando escribió que los hechos históricos se presentan dos veces: uno como tragedia y otro como farsa. Y si no…, pues no.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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