La figura del expresidente Felipe Calderón Hinojosa se ha convertido en la némesis de la 4T, se entiende que por el resultado electoral de medio punto porcentual en 2006 que le dio la victoria al panista por encima del activismo del entonces perredista Andrés Manuel López Obrador.
Pero la ofensiva militar contra el jefe máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, fue aprovechada para introducir en el debate a Calderón.
La prisa por calderonizar la polémica actual tuvo una justificación: evitar que el ataque gubernamental contra la cabeza del cártel de las cuatro letras se interpretara como el regreso del modelo calderonista de buscar el descabezamiento de los cárteles del narcotráfico que se inició en diciembre de 2006 como “guerra” contra el crimen organizado.
De Calderón podrán decir muchas cosas y hasta aceptar que todas sean ciertas, pero no se puede ocultar que en la presidencia de diciembre de 2006-diciembre de 2012 se dieron cuando menos tres decisiones fundamentales que lamentablemente no se consolidaron y que siguen abiertas como opciones del Estado: un debate público de funcionarios y sociedad por el asesinato de Fernando Martí, un acuerdo de comunicación para evitar que la nota roja fortaleciera la fuerza del crimen organizado y el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad con sus 74 propuestas de decisiones con tiempos precisos de realización que por cierto nunca se cumplió.
La presidencia de Calderón en estos tres temas avanzó en la búsqueda de una nueva política de seguridad pública en modo de seguridad interior desde que estallaron los primeros incidentes reveladores del papel de funcionarios del Gobierno apoyando a narcos en el asesinato del columnista Manuel Buendía en 1984 y en el secuestro y asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, en 1985.
Ahí están los documentos calderonistas y ahí sigue su validez para retomarlos y potenciarlos.
Zona Zero
- Por alguna razón que no se conoce, el impulso que tuvo por sí mismo el suceso de la caída del señor Mencho no llegó más allá de la muerte del líder criminal, y se perdió una gran oportunidad para reactivar en escenarios muy precisos la política de seguridad pública que había estado abrumadoramente sepultada bajo la demagogia del presidente Donald Trump y sus tentaciones de invadir México con fuerzas militares pretextando lucha contra el narcotráfico.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
