El asesinato del candidato presidencial priista, Luis Donaldo Colosio Murrieta, la tarde del 23 de marzo de 1994, hace 32 años, sigue siendo un caso abierto por más que las autoridades del régimen priista le hayan dado carpetazo en cuando menos cinco ocasiones.
Los crímenes políticos son los más fáciles de resolver porque son los más difíciles de ocultar: los responsables permanecen en el poder. Podríamos aplicar al caso Colosio el modelo del cuento La carta robada, de Edgar Allan Poe, donde el investigador acude a un lugar cerrado a indagar dónde está una carta robada y luego de darle una sacudida total al lugar, se concluyó que tal carta había desaparecido. Pero el investigador de Poe encontró que la carta: estaba arriba de la chimenea, a la vista de todos, junto a otras cartas que la ocultaban.
O regresar a Agatha Christie y sus novelas donde el asesino fue el mayordomo.
Así estamos en el caso Colosio. Al candidato del PRI lo asesinaron en un mitin político, en medio de centenas de gentes, mediante un asesino que se pudo colar portando un arma y colocarla en la sien de la víctima, y el responsable fue atrapado en el lugar, llevado a declarar y resulta que en la versión oficial final fue un loquito solitario que puede salir libre.
Pero “en política no hay asesinos solitarios”. Peor aún, en crímenes comunes tampoco hay asesinos solititos porque los responsables son producto de una realidad latente.
La última Fiscalía de la PGR editó en cinco monumentales libros el producto de sus investigaciones y sólo la imagen de las publicaciones intimidaban a cualquier lector. Pero quienes han tenido la paciencia y desde luego la objetividad han llegado a señalar que la última Fiscalía de Luis Raúl González Pérez no hizo una indagatoria de una oficina en busca de la verdad, sino justificatoria de la tesis del asesino solitario.
Habrá que regresar a la primera versión del primer fiscal designado a petición expresa de Diana Laura Riojas de Colosio, Miguel Montes García, y a su declaración explicada de que el asesinato había sido una “acción concertada”, aunque después el presidente Salinas de Gortari lo obligó a desdecirse.
Otro año del crimen de Lomas Taurinas y otro año sin responsables del magnicidio.
Zona Zero
- Los grandes capos de los cárteles del narcotráfico han sido arrestados o muertos en combate, pero las estructuras criminales han quedado intocables y siguen siendo el principal problema de inseguridad en la República.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
