Aunque en el ambiente político mexicano se había tomado la decisión con pinzas y mucha sensibilidad para permitir que el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, participara en la reunión de seguridad de la DEA en Argentina, el discurso oficial del jefe antinarcóticos de la Casa Blanca se sintió en Palenque como terremoto de 10 grados en escala de Richter.

La propia presidenta Sheinbaum tuvo que tratar de equilibrar las interpretaciones que en el ambiente oficial no público estaban hirviendo por las derivaciones políticas del jefe de la DEA dejando entrever de que comenzaba una nueva etapa de colaboración con México, pero justo en momentos en que Estados Unidos ya organizó todo su aparato civil, militar y de inteligencia para iniciar incursiones “territoriales” -whatever that means o cualquier cosa que ello signifique- contra los nidos de los cárteles del narcotráfico en México.

No se puede decir que el discurso y su efecto haya sido inesperado para míster Terry Cole como jefe de la DEA, porque trabajó en la oficina de ese organismo en México, domina el español y tiene una especial sensibilidad para entender los pliegues del lenguaje político mexicano.

El problema es que México ya no se puede echar para atrás, la nueva relación con la DEA desde aquella ruptura de López Obrador cuando mandó publicar en la prensa mexicana el expediente de la agencia antinarcóticos contra el general Salvador Cienfuegos para demostrar que la DEA era una pésima investigadora pericial.

En este sentido, el discurso del jefe Cole por la profundidad de los elogios al secretario mexicano de seguridad estaría ya restaurando las relaciones en términos operativos, y sobre todo en medio de una ofensiva anunciada en las últimas dos semanas por Washington de que viene una ola de ataques contra los cárteles del narcotráfico.

La DEA ya regresó a su casa mexicana, como en la serie Yo amo a Lucy.

 

Zona Zero

  • Del lado mexicano habrá que registrar el hecho de que efectivamente y sin anunciarlo de manera formal se pasó de la fase de los “abrazos, no balazos” que permitieron el auge de los capos y cárteles a un nuevo ciclo marcado por el arresto sobre todo de miembros del Cártel Jalisco por la percepción oficial mexicana y americana de que es el grupo delictivo más letal, sin control y con capacidad de fuego de respuesta, aunque comiencen a decir los que gustan de encontrar el lado negativo que las cosas en la actual etapa es más calderonista que lopezobradorista. Bueno, eso dicen.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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