Lo más grave del atentado terrorista del lunes 20 de abril radica en el uso de la maquinaria de propaganda política para hablar de un “lobo solitario” como una versión del asesino loquito en sucesos de alta visibilidad pública.
Pero está comprobado por parte de los esquemas penales y periciales que no existen delincuentes solitarios, sino que todos son producto de circunstancias sociales, individuales y políticas.
El solo hecho de cometer una tropelía violenta que se sabe que generaría desacomodos en estabilidades emocionales y por tanto de comportamientos públicos y sociales indica que todos somos hijos de la realidad.
Si la argumentación gubernamental busca caracterizar el caso del terrorista que hablaba con acento español peninsular originario –y ahí están las grabaciones– busca desdramatizar un suceso en un momento delicado para la República, pues entonces habría que contextualizar ese escenario.
Pero si –como parece ser– las autoridades gubernamentales mexicanas están convencidas de que se trató de un “loquito” con pistola, entonces sí estaremos en problemas graves porque tendríamos incapacidad de investigación para profundizar en un hecho que de suyo fue realizado para romper la estabilidad social.
En actos delictivos, por tanto, no hay asesinos solitarios sin repercusiones sociales y políticas, ni tampoco hay lobos solitarios o esteparios en modo de Hermann Hesse –mitad y mitad–, sino que estaremos frente a un acto delictivo que habría sido realizado para romper la estabilidad de una sociedad.
Y ello quiere decir también que al no haber asesinos solitarios ni lobos también solitarios, entonces los criterios de seguridad nacional deben estar prendiendo ya todas las alarmas por las circunstancias en las que se encuentra México en las fragilidad nacional e internacional.
Zona Zero
- El hecho de que la estrategia de seguridad interior haya sido tomada por sorpresa en las circunstancias de la víspera del campeonato mundial de futbol también debe preocupar aún en la posibilidad de que la respuesta gubernamental y el pánico internacional pudieran aislar el suceso en la pirámide de la Luna de Teotihuacán. La estrategia de seguridad nacional en un evento internacional por un caso que debió haber sido previsible en los mapas de riesgo debería, en efecto, poner en alerta a todo el sistema de seguridad pública, interior y nacional. O igual no y que sea lo que Dios quiera.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
