La crisis política en Sinaloa demostró que los compromisos del grupo de Rubén Rocha Moya con una de las facciones del Cártel de Sinaloa son más fuertes que los márgenes de maniobra de la 4T a nivel nacional.

Rocha se fue de la gubernatura la primera ocasión para darle oportunidad a la Fiscalía General de la República a investigar los señalamientos de la solicitud oficial de Estados Unidos para el arresto del gobernador y nueve cómplices.

Como la Fiscalía no encontró evidencias sobre los señalamientos de EU, Rocha tomó la decisión explicable de regresar a su cargo, pero la operación fue mal gestionada y se convirtió en una nueva crisis sobre el cúmulo de crisis en el estado y en el país, y el gobernador, como exgobernador, se reinstaló en la gubernatura, pero fue tumbado por el escándalo que produjo a nivel nacional y algunas amenazas que deslizaron desde Estados Unidos.

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Dos decisiones siguieron a la segunda licencia de Rocha Moya: una nueva gobernadora interina, quien salió del grupo del gobernador-exgobernador-gobernador-exgobernador y la candidata oficial adelantada al cargo de Ejecutivo en las elecciones del primer domingo de junio del 2027.

Y en medio de los compromisos de que se iba a vigilar que no hubiera vinculaciones que cayeran en la categoría de narcopolítica, Sinaloa está adelantando lo que podría estar viviendo Morena para las elecciones de 2027: candidatos con sospechas de relaciones peligrosas con bandas delictivas, pero sin que nadie vigile el perfil de los destapados.

Pero en el partido oficial no deberían cantar victoria por adelantado: Estados Unidos está preparado para comenzar a circular cuestionamientos contra aspirantes a cargos de elección popular que pudieran tener relaciones con el crimen organizado estatal y hasta nacional y entonces estallaría otro escándalo con EU.

 

Zona Zero

  • Cuando se dieron los elogios superlativos del director de la DEA, Terry Cole, al secretario mexicano, Omar García Harfuch, algunas voces llamaron a la cordura para evitar el mensaje estadounidense de que en Washington se dictaban las estrategias mexicanas. Y eso está ocurriendo. El director de la DEA casi está exigiendo en modo simbólico un asiento en el gabinete mexicano de seguridad y hay que acostumbrarse a su estilo imprudente, porque le gusta presumir que conoce a México y a los mexicanos porque trabajó en las oficinas de la agencia antinarcóticos estadounidense aquí. Y a ver ahora cómo se lo quitan de encima.

 

(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.

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@carlosramirezh