Pase lo que pase con el destino político del gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, y nueve coacusados sinaloenses, al final el daño para el país ya está hecho: son más las evidencias de narcopolítica conocidas aquí que la exigencia formal de México a Estados Unidos para la entrega de pruebas contundentes que satisfagan la decisión de entregar a los políticos solicitados para ser juzgados como narcopolíticos.
Ya no es cosa de soberanía, ni tampoco de la necesidad de conocer pruebas. Desde 2021, aquí en México se han conocido todas las evidencias del narcotráfico en Sinaloa cuyo auge y consolidación en el Cártel de Sinaloa de El Chapo Guzmán y de El Mayo Zambada han llenado centenas de páginas de publicaciones.
El Gobierno mexicano perdió una gran oportunidad política de sacudirse uno de los gravísimos problemas heredados del viejo régimen priista, prianista y morenista; la percepción se tiene a la vista con la consideración de Sinaloa como un Estado controlado por el narcotráfico y con el aval de los políticos gobernantes locales y federales.
Las pruebas están a la vista. Y si se quiere ser tolerante, también existen evidencias de que la narcopolítica en Sinaloa perfiló cierta tipología que se ha reproducido cuando menos en una quincena de estados de la República donde el narco domina a la sociedad, a la economía y sobre todo a las instituciones municipales, federales y estatales.
Rocha Moya -en el lenguaje policiaco mexicano de los bajos fondos- ya huele a muerto político y civil. En el hipotético caso de que México resista hasta una invasión de EU por negarse a entregar hasta ahora a la decena de presuntos narcopolíticos exigidos, la vida política de todos ellos está liquidada. Y peor aún, en las últimas horas y las próximas que vienen, seguirán las revelaciones de la corrupción política, institucional y criminal de familiares de las personalidades reveladas en EU como responsables del tráfico de drogas.
Zona Zero
- Y si el problema ya no es Rocha Moya y coacusados porque quedarán malditos para siempre, lo que viene es cómo recoger los pedazos de la crisis en la relación bilateral de México con Estados Unidos en los dos y medio años que le faltan a Trump y seguramente en los próximos cuatro u ocho del sucesor republicano que se asentará en la Casa Blanca gracias a la estrategia política interna de Trump. Ahí está el problema de mediano plazo para México, inclusive pase lo que pase con el Tratado de Libre Comercio porque la relación es de frontera “caliente”.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
