A la una de la tarde con 57 minutos, cuando el ministro presidente Luis María Aguilar hizo sonar el mallete (símbolo de autoridad suprema) en el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, terminó una época.

 

En ese instante, después de poco más de 20 años, Juan Silva Meza y Olga Sánchez Cordero dejaron de ser jueces constitucionales, cerrándose con su partida la novena época, la mejor que ha tenido la Suprema en su historia: La de la independencia ante los otros Poderes; la de la autoridad real de la Corte.

 

Un largo, intenso aplauso, cerró la carrera de estas dos grandes figuras.

 

Ovación que compartieron tres de los cuatro ministros retirados de esa novena época que aún quedan con vida y cuyo tiempo inició tras la reforma realizada por Ernesto Zedillo en 1994-95: Mariano Azuela Güitrón, Salvador Aguirre Anguiano y Guillermo Ortiz Mayagoitia (faltó Genaro Góngora Pimentel).

 

Y a la que se sumaron, desde las primeras filas del pleno, Humberto Castillejos Cervantes, consejero jurídico de la Presidencia de la República y Manlio Fabio Beltrones, presidente del PRI y quien por cierto interpuso ante la Corte (y perdió) una controversia sobre el veto del jefe del Ejecutivo al presupuesto.

 

También estuvo presente, un rato, el jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera; pero se fue cuando la ceremonia iba a la mitad; y Manuel Granados, titular de la Consejería Jurídica del DF.

 

Fuera de ellos, ningún político. Reflejo precisamente de la forma de ser del ministro Silva –“soy juez las 24 horas del día”, solía decir–, porque si algo cuidaba era precisamente las formas, la distancia (nada de irse a comer o a desayunar con políticos); la independencia a fin de cuentas.

 

Porque ese era el tema central hace 20 años –buscar la independencia de la Suprema Corte– y lo era también ayer, cuando se despedían los últimos de la novena, sólo que bajo otra interrogante:

 

¿Qué tan independiente es (y será en adelante) la Corte de hoy, la de la décima época? ¿Será de nueva cuenta la Corte del Ejecutivo y de los poderes fácticos?

 

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Entrego mi toga sin mancha.- Por lo pronto, los últimos de la novena se despedían de sus pares. Silva Meza –cuatro años presidente de la Corte– lo haría, como de costumbre, con gran señorío:

 

“Hace muchos años, en esta Suprema Corte de Justicia, escuché, aprendí y pude comprobar que la toga no dignifica a quien la lleva, ¡es la persona quien la prestigia o la denigra!

 

“Cuando tomé posesión de mi encargo como ministro de este alto tribunal, me fue impuesta aquí esta toga, como símbolo de mi alta investidura. La recibí con orgullo. La he llevado con dignidad y hoy la entrego aquí, ¡sin mancha!”.

 

Esas fueron sus últimas palabras como juez. Y valga decir que, cumplir esas palabras, no fue nada fácil. Sólo hay que recordar algunos de los grandes momentos de la novena:

 

Aguas Blancas (fue su primer gran caso como Corte independiente: su resolución provocó la renuncia del gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa Alcocer); el aborto, el caso Rosendo Radilla, el fuero militar, el caso Cassez y el debido proceso, los matrimonios del mismo sexo; o el más duro de todos, el que mayores presiones recibió –por la cantidad de dinero y de poderes involucrados–: el de la llamada Ley Televisa.

 

Más allá del sentido de las sentencias de esa Corte eminentemente liberal y garantista, cuya etapa ayer terminó, valga destacar ante todo su independencia de las acciones del gobierno.

 

“Mi satisfacción más íntima y personal –resumiría Silva Meza– podría ser el haber tratado siempre de hacer el bien, actuando de buena fe y con apego a mi conciencia, a mis principios y a mis convicciones, tratando de proteger los derechos de las personas y preservar la regularidad constitucional de los actos de autoridad, dejando de lado la razón de Estado y la resolución políticamente correcta."

 

La ministra Sánchez Cordero haría patente su predilección por las libertades y sumaría su voz por la independencia de la Corte:

 

“Un tribunal constitucional firme en sus decisiones, sólido y con credibilidad social, solamente se puede sostener si sus miembros mantienen esa distancia y sobre todo su independencia de los otros poderes públicos”.

 

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GEMAS: Verso de Paul Valéry, obsequio de Olga Sánchez Cordero: “Se levanta el viento… ¡debemos intentar vivir!”.

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