El momento que más asombró, y levantó incluso expresiones que oscilaron entre la indignación y la burla, fue cuando el GIEI transmitió el video sobre el río San Juan, donde se ve –¡un día antes! del “descubrimiento” de dos bolsas con restos incinerados- al director en jefe de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), Tomás Zerón, recorriendo el lugar con un equipo de peritos.
Pero no sólo eso. Lo inaudito es que ahí se aprecian –desde el día anterior al supuesto hallazgo que hicieran los buzos de la Marina de las bolsas en el río- ¡las dos bolsas en cuestión!
Esto es importantísimo porque, recuérdese, de ahí procede la única identificación de uno de los normalistas desaparecidos que se tiene hasta el momento: la de Alexander Mora Venancio.
Más aun, en el video –tomado por periodistas- se observa que arriban a la zona los miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), a quienes personal de la Procuraduría General de la República (PGR) intercepta y se pone a discutir con ellos porque llegaron anticipadamente. Y no los dejan pasar.
Y por si fuera poco, esta “diligencia”, encabezada ni más ni menos que por Zerón --el hombre que ha tenido en sus manos toda la investigación por parte de la PGR y es quien alimenta y sostiene la versión de la llamada “verdad histórica” de Jesús Murillo Karam-, ni siquiera está registrada en el expediente.
Carlos Beristain, integrante del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes que presentó el video e hizo la narración durante el informe Ayotzinapa II de lo que aconteció en el río San Juan un día antes del “hallazgo” oficial, no calificó los hechos, sólo los mostró (incluida, por cierto, la desaparición de evidencia) y describió lo que se apreciaba.
“No sabemos qué pasó ahí. Debe ser investigado”, apuntaría escuetamente.
Sin embargo, ante las más de mil personas que veíamos y escuchábamos lo sucedido el 28 de octubre en el río San Juan, cada vez más nos acercábamos a una hipótesis: la evidencia fue “sembrada”.
¿Inducida por el propio encargado de la investigación por parte de la PGR, Tomás Zerón? Eso parecería.
Lo que sí añadiría luego Beristain tendría que ver más con la lógica criminal.
Planteó: ¿cómo es posible que si un grupo criminal se toma la molestia de ir supuestamente a quemar a 43 personas a un lugar solitario –el basurero de Cocula-, a 90 kilómetros de distancia, luego va a tirar los restos en la orilla del río (a seis kilómetros y medio de distancia del basurero), al pie de una casa y a plena luz del día?
La PGR no refutaría ni comentaría nada sobre el video que pone en evidencia a Zerón y siembra más dudas sobre su investigación.
Todo indica que es hora de que se vaya.
-0-
El basurero de Cocula, un distractor.- Uno de los puntos insistentes del II informe del GIEI tiene que ver con el tan traído y llevado basurero de Cocula, porque para los expertos internacionales lo del vertedero hizo las veces de efecto distractor.
Eso es lo que dejan ver cuando ponen sobre la mesa estos elementos:
-La investigación inicial, tanto la de la procuraduría de Guerrero como la de la General de la República, apuntaba hacia otros horizontes. Nada mencionaba del basurero.
-De pronto –ya la investigación en manos de la PGR-, prácticamente sin venir a cuento, se enfoca hacia el basurero. Según la PGR, un par de llamadas anónimas los pone sobre esa pista. Una dice que los estudiantes fueron “tirados” ahí y otra que fueron “enterrados” en ese lugar.
-Cinco testigos, comenzando por el Gil, aparecen en la investigación de la PGR mencionando que los estudiantes fueron quemados en el basurero. A los del GIEI no les permitieron interrogar a ninguno de ellos.
-De los 17 casos de tortura que los del GIEI documentaron –con apoyo de médicos europeos que aplicaron los Protocolos de Estambul- entre los más torturados están precisamente quienes apuntaron el índice hacia el basurero de Cocula.
-El informe de José Torero y el peritaje del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) asegura que no es posible que los 43 normalistas hubieran sido calcinados en el basurero municipal.
-0-
GEMAS: Obsequio de Emiliano Navarrete, padre de uno de los estudiantes de Ayotzinapa desaparecido: “El día que el gobierno quiera cerrar este caso, tendrá que matarme porque no voy a regresar a casa con un perdón, con disculpa”.
