Que el gobierno desgasta, no cabe duda. Pregúntenselo a Enrique Peña Nieto, cuya popularidad sigue por los suelos –aun cuando recuperó un poco en los últimos meses: pasó de 34% a 39%– y quienes reprueban su gestión alcanzan 58% (encuesta de Reforma). ¡Reprobadísimo, pues!
Pero el Presidente de la República no es el único priista que ha visto su popularidad decaer de manera pronunciada en 2015. Le ocurrió también a sus dos pilares: Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong.
Ya no necesariamente se les ve como posibles candidatos para “La Grande” en 2018, aun cuando algunas encuestas sitúan al secretario de Gobernación como el funcionario con mejor aceptación para la candidatura presidencial.
Sin embargo, en tierra firme, saben que la candidatura de Osorio difícilmente remontaría el golpe que le significó la segunda fuga de Joaquín Guzmán Loera, ocurrida el 11 de julio pasado.
La historia del segundo escape de El Chapo también vapuleó la imagen de Arely Gómez en su primera prueba de fuego como procuradora General de la República (recuérdesele tan sólo asomada al túnel por donde escapó el jefe del Cártel de Sinaloa). Desde entonces no ha recobrado el lustre que tuvo como senadora.
Por lo que toca a Videgaray, digamos que no es precisamente un dechado de simpatía o amabilidad (tampoco hace nada por cambiar esa imagen), pero es sin duda el hombre con más poder en este gobierno y ante Peña Nieto.
Sin embargo, su arrogancia y su dureza le han ganado antipatías en todos los sectores. De ahí que ya sean pocos los que ven directamente en Videgaray al sucesor de Peña. Más bien apuestan porque llegue alguno de sus alfiles, léase José Antonio Meade, actual secretario de Desarrollo Social o Aurelio Nuño, secretario de Educación (en ese orden).
Pero hay casos peores. De entre quienes conforman o fueron parte del grupo gobernante, quien de plano vio su imagen hecha trizas este año 2015 fue el ex procurador Jesús Murillo Karam.
Y eso sí que fue inesperado porque al inicio del sexenio Murillo figuraba como uno de los mejores y más sólidos miembros del equipo de Peña. Pero los resultados de su investigación sobre lo acontecido a los normalistas de Ayotzinapa han sido desmantelados.
Junto con el derrumbe de la “verdad histórica” sobre lo sucedido en Iguala la noche del 26 de septiembre del 2014, se hundió también la figura del hidalguense.
Nos falta mencionar otro miembro del gabinete: Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública, con la burda “investigación” sobre la casa blanca de Peña Nieto.
Ya nomás de paso –porque aunque ha salido raspado, bien que ha sabido escurrirse– apuntemos el nombre del secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza, por el escándalo de OHL y la cancelación del “tren chino” México-Querétaro.
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Tres gobernadores, tres.- El escándalo y/o el desprestigio también se cebó con algunos gobernadores tricolores este año que termina.
El que peor fama tiene a estas alturas (esencialmente por su autoritarismo) y al que más golpean los medios –y viceversa– es el mandatario veracruzano Javier Duarte de Ochoa. Su capacidad para hacer enemigos es formidable. Y ello incluye, por supuesto, a sus propios compañeros de partido.
Su mala imagen no es nueva, sólo se profundizó.
Al ex gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, lo arrolló Jaime Rodríguez El Bronco. No sólo perdió la elección en su estado; el fantasma de la corrupción lo acabó. Su nombre y el de su familia están bajo sospecha y bajo investigación.
Su futuro –junto con la ilusión de formar parte del gabinete– está en veremos.
Aristóteles Sandoval tampoco vio la suya este 2015. El mandatario jalisciense no sólo cargaba ya con fama de frívolo como gobernante –las malas lenguas dicen que quien gobierna realmente es su papá- sino que Enrique Alfaro, desde Movimiento Ciudadano, le arrebató la ciudad de Guadalajara, antesala de la gubernatura.
Aristóteles soñaba con convertirse en otro Peña Nieto (hasta le copió el peinado) y buscar en su momento la candidatura presidencial del PRI. Eso se acabó.
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GEMAS: Obsequio del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong: “De acuerdo a nuestras leyes, los militares sólo pueden presentarse ante el Ministerio Público”.
