Visto por encimita, el pleito lo escenifican en el Senado los priistas --encabezados por su coordinador parlamentario Emilio Gamboa- y los panistas –con el jefe de su bancada, Fernando Herrera-, apoyados por los perredistas con Miguel Barbosa a la cabeza.
Diríase que entre ellos dirimen los encontronazos que se han suscitado por las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción y por el (mal)trato que la oposición le dio a la iniciativa que envió Enrique Peña Nieto sobre la mariguana.
Pero en esta historia hay más personajes, más pistas y otras razones --más allá de las que se esgrimen públicamente- jugando y presionando.
Un tercero en discordia es Roberto Gil Zuarth, senador del PAN y presidente de la Mesa Directiva del Senado en estos momentos.
Y frente a Gil, en franca oposición –y confrontados en cuanto tema importante aparece-, su propio correligionario blanquiazul, Ernesto Cordero.
Comenzaremos por aquí, el pleito Gil-Cordero, para entender algo de lo que está sucediendo tras bambalinas en el Senado.
Recordemos que Cordero –calderonista de hueso colorado hasta la fecha- fue destituido, hace tres años, de la coordinación del grupo parlamentario de Acción Nacional por Gustavo Madero, entonces presidente del partido.
La bancada azul se dividió. Jorge Luis Preciado sustituyó a Cordero al frente de la bancada, pero su dirigencia fue más formal que real, pues a la hora de las negociaciones con Gamboa y Barbosa, quien tenía la última palabra era Cordero (se reunía con sus “hermanos” del PRI y del PRD por fuera).
En pocas palabras, Cordero mantuvo el poder de manera informal.
Con Fernando Herrera –quien sustituyó a Preciado cuando el colimense se fue a competir por el gobierno de su estado- ocurrió otro tanto. Cordero seguía negociando en las alturas aún y cuando su peso específico había disminuido.
Y es que, en el camino, dos figuras importantes se separaron de él y de Calderón (con el lanzamiento de Margarita Zavala como candidata para la Presidencia de la República: Javier Lozano y el propio Roberto Gil.
Así iban las cosas, disimulando, hasta que Gil Zuarth se convirtió en presidente del Senado en agosto pasado y soltó un manotazo sobre la mesa: no permitiría que Cordero siguiera negociando (con Gamboa y Barbosa) por encima de él.
El chiapaneco comenzó a operar por su cuenta, sin Cordero y, según algunas versiones, sin tomar en cuenta ni a Ricardo Anaya ni a su grupo parlamentario. La iniciativa de Gil sobre la mariguana (muy buena, por cierto) sería ejemplo de ello.
Cordero armaría una rebelión dentro de la bancada blanquiazul (Anaya lo apoyaría por lo bajo) y no tardaría en tirársela, en plena burla, con una balanza y cigarrillos en mano.
Sólo que el ex secretario de Hacienda –más allá de su enojo personal con Gil- traía una encomienda muy precisa de su ex jefe, Calderón: tirar a como diera lugar la iniciativa de Peña Nieto sobre la mariguana.
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Calderón y Peña, enfrentados.- Hace un par de meses, en uno de los foros sobre la mariguana, Miguel Osorio Chong declaró sin empacho que la “guerra” de Felipe Calderón contra las drogas había partido de “un diagnóstico equivocado”.
El ex Presidente –a diferencia de su ex secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont- salió públicamente a defender su estrategia y reprobó el que se intentara legalizar la yerba.
Por ningún motivo permitiría que se echara abajo y se pusiera en entredicho lo hecho por él desde Los Pinos.
En ese sentido fue que Cordero apuntaló la discusión dentro del grupo parlamentario –además de acusar a Gil de negociar por su cuenta con el gobierno; defendió a capa y espada al gobierno calderonista y su posición frente a las drogas: es un error cambiar la política (de Calderón), es un error quitar la prohibición, sostuvo.
Se armó el revuelo en la bancada. Unos a favor; otros en contra. Pero lo que quedó claro, en blanco y negro, era que no se trataba tan sólo de la mariguana, sino de un diferendo, de fondo y a los cuatro vientos, entre Calderón y Peña Nieto.
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GEMAS: Runrún en el Senado: que luego que deje la presidencia del Senado, Roberto Gil Zuarth va a sustituir a Fernando Herrera en la coordinación del grupo parlamentario del PAN.
