A nadie le quedó ya duda que la nueva gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich Arellano, va por la cabeza de su antecesor: Guillermo Padrés Elías.
Ni siquiera a Diego Fernández de Cevallos, ni a Javier Gándara, ni a Adalberto Rosas –entre los pocos panistas asistentes al primer mensaje de la nueva mandataria– que vieron cómo más de 10 mil invitados al Centro de Usos Múltiples de Hermosillo se pusieron de pie y aplaudieron a rabiar cuando Pavlovich advirtió:
“Si alguien piensa que podrá disfrutar lo que indebidamente se llevó, que lo piense dos veces… Como su gobernadora les digo: ¡nadie, absolutamente nadie, se va a salir con la suya!”
“Quien fue corrupto, no va a estar tranquilo hasta que pague las consecuencias de sus actos”, remataba la de Magdalena, ante el asentimiento y la sonrisa de Jaime Rodríguez Calderón El Bronco, quien muy pronto asumirá, a su vez, la gubernatura de Nuevo León y muy probablemente suelte un mensaje muy parecido a éste que estaba escuchando.
Porque, sin duda, el tema hoy en día es la corrupción y la impunidad con la que se le deja pasar.

Ya lo vimos con el primer gobernador del Partido Verde, Manuel Velasco Coello, en Chiapas, que al final de cuentas nada hizo contra su antecesor, Juan Sabines Guerrero, por más encendido que fue su discurso de toma de posesión.
O con el mandatario perredista Arturo Núñez, que topó con las artimañas del gobierno federal y no logró presentar ante la justicia tabasqueña a su antecesor en el gobierno de Tabasco, Andrés Granier, por más que sus coterráneos saboreaban ya su propia venganza.
Ahora, la primera gobernadora de Sonora se sumaba al clamor de los suyos, de los de abajo, de los indignados, de los yaquis, de sus compañeros de partido y les aseguraba:
“Yo no los voy a abandonar. Yo no les voy a fallar. Tampoco vamos a olvidar lo que le hicieron a Sonora, porque el olvido también es caldo de cultivo para la corrupción y la injusticia…”
Manlio Fabio Beltrones, presidente del PRI, ex gobernador de Sonora y forjador del triunfo de Pavlovich en estas elecciones, lucía embelesado por el momento. Él mismo se había llevado minutos antes una gran ovación al ser presentado ante la multitud.
En cambio, quien no se libró de la rechifla y el abucheo al anunciarse su nombre –por más que estaba lleno de priistas– fue el ex gobernador Eduardo Bours, ante quien pesa la tragedia de la guardería ABC.
Una primera instrucción como mandataria a su gabinete de justicia dio la hija de doña Alicia Arellano Tapia (ex alcaldesa de Magdalena y de Hermosillo y una de las dos primeras senadoras en México) y de Miguel Pavlovich Sugich:
–Instalar una mesa de trabajo para que en dos semanas le presenten una propuesta para la creación de la Fiscalía Especial Anticorrupción. Instancia que, indicó, tendrá absoluta autonomía y presupuesto propio, y contará con abogados e investigadores.
“Nada ni nadie quedará en la impunidad. Ni los de ayer, ni los que en mi gobierno realicen actos ilícitos…”, remató la de Magdalena.
Y frente a ella, la secretaria de Desarrollo Urbano, Rosario Robles –en calidad de representante del presidente Enrique Peña Nieto– asentía levemente con la cabeza.
Un recado le encargaría Pavlovich a Robles: decirle que en Sonora se le aprecia, que Sonora lo necesita y que ojalá los visite pronto.
El encargo tenía su razón de ser: Claudia Pavlovich no fue precisamente la candidata de Los Pinos ni mucho menos del grupo del titular de Hacienda, Luis Videgaray.
Al contrario, la sonorense fue vista como la candidata de Beltrones, el hombre a vencer (rumbo al PRI y ante cualquier espacio que le diera posibilidades hacia 2018).
Pero Pavlovich-Beltrones ganaron a pesar del fuego amigo. A pie, en mangas de camisa, chambeándole duro día con día, consiguieron la victoria. Y ayer, uno frente al otro, sonreían y se agradecían mutuamente la historia convivida.
Una historia y un mensaje que la primera mujer que gobernará Sonora cerraría con el juramento yaqui.
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