La decisión se tomó el 25 de junio del 2013.
A puertas cerradas, una veintena de perredistas se reunió en un salón del hotel Hilton de la Alameda.
Entre ellos se contaban el jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera; sus antecesores: Marcelo Ebrard y Cuauhtémoc Cárdenas; el presidente del PRD, Jesús Zambrano; el dirigente de Nueva Izquierda, Jesús Ortega; los líderes de las bancadas del sol azteca en el Senado y en la Cámara de Diputados: Miguel Barbosa y Silvano Aureoles.
El objetivo de ese cónclave era definir cómo enfrentaría el PRD la reforma energética que estaba cocinándose en Los Pinos entre Enrique Peña Nieto y los panistas.
Dos posturas se pusieron sobre la mesa:
-La encabezada por Ortega (líder de Los Chuchos, la corriente mayoritaria del partido), que propuso esperar las acciones del gobierno -emplazarlo incluso para dar a conocer su propuesta ya- para luego reaccionar.
-Y la de Ebrard, que pugnaba por actuar ya, desde ese preciso momento, con distintas acciones tanto de calle como de estrategia política.
Ganó sin problema alguno la del Chucho mayor. Contaba además con el apoyo de Mancera, quien ante el grupo manifestó que debía haber una apertura en el sector energético.
Según Ortega, la actitud de Ebrard era la de “los acelerados”.
Para Ebrard, la decisión de Ortega era “pura simulación” .
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REACTIVOS Y TIBIOS.- A partir de ahí, las acciones del PRD fueron no sólo reactivas; peor aún, tibias.
El 19 de agosto del año pasado -dos meses después de la definición de la estrategia política a seguir- el ingeniero Cárdenas se alzó como el abanderado de los perredistas para enfrentar la iniciativa energética de Peña Nieto.
En un acto desangelado en el Monumento a la Revolución -apenas si llegaron a mil los asistentes-, el hijo del presidente de México que nacionalizó el petróleo, apenas si endilgó un par de calificativos contra la iniciativa del gobierno: “privatizadora” y “antipatriótica”.

Y presentó a su vez la iniciativa energética del PRD. Una iniciativa ¡tan ciudadana! -una consulta popular a realizar en el 2015- que la mayoría de los asistentes ni siquiera entendió.
En esa ocasión Manuel Camacho Solís intentó explicarnos la importancia de la estrategia: “Con el plebiscito vinculatorio en el 2015 le rompes el ritmo al gobierno. Los inversionistas no van a estar seguros y difícilmente le van a entrar así, porque en dos años la situación podría cambiar y revertirse las reformas al 27 y al 28.”
Huelga decir ahora que aquello fue -en el mejor de los casos- un espejismo.
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SE VAN DEL PACTO.- Para el 28 de noviembre, la dirigencia perredista lanzaba unas cuantas pataletas ante la marcha de la reforma: “Destruir por gobierno y PAN el PactoxMexico a cambio de "mini reforma" política y una energética q contraría el propio pacto? Gran error!!”, escribió Ortega.
Ebrard no tardó en restregarles un “se los dije”. Y tecleó en su cuenta: “El fin de semana propusimos salir del Pacto y Zambrano decía que no, hoy muy molesto nos da la razón y el PRD se va del Pacto!”
Sí, a esas alturas, cuando ya la iniciativa estaba más que planchada con Acción Nacional los perredistas abandonaron el famoso Pacto y se pusieron a recoger firmas a toda velocidad para solicitar la consulta en materia energética.
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FRACASO A LA VISTA.- El 4 de diciembre, la iniciativa energética entró al Senado. Un día antes, Andrés Manuel López Obrador -quien había llamado a establecer un cerco para evitar la discusión de la reforma- sufrió un infarto al miocardio.
La energética pasó sin mayores sobresaltos.
Unos meses después, partiendo en dos las leyes secundarias -la económica, con la que se le dio la puntilla, inició en Diputados- la historia siguió su curso.
Ya sólo era cuestión de tiempo para que la Suprema Corte corroborara hace unos días que la petición de los perredistas era improcedente por estar relacionada con los ingresos y egresos del Estado.
Era la crónica de una derrota anunciada. Si no es que buscada y propiciada por ellos mismos.
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