Ni duda cabe que el presidente del PRI, César Camacho, apuntó en primera instancia -hasta lo hizo motu proprio- en contra de Felipe Calderón por andar de criticón de Enrique Peña Nieto y de su estrategia de seguridad.
Pero tan encarrerado iba que se llevó entre las patas al procurador General de la República, Jesús Murillo Karam y si mucho me apuran hasta al propio presidente Peña.

Soltó Camacho en entrevista banquetera que los dichos del ex presidente Calderón revelaban a “un regular abogado y un mal político”, que a fin de cuentas estábamos viviendo “las secuelas de la absurda guerra en que involucró al país”.
Tales calificativos los merecía el ex mandatario porque, según explicó el mexiquense, “escuchamos con frecuencia decir que la mayoría de los delitos de alto impacto eran de competencia del fuero común, es decir de los estados (si aún no entienden la relación, no se preocupen, nosotros tampoco)”.
Entonces, arguyó el priista, “digo que regular abogado porque cuando hay más de tres personas involucradas en un secuestro se trata de delincuencia organizada y en consecuencia es un asunto de la competencia federal”.
¿En serio? ¿Qué no fue precisamente eso lo mismo que Murillo y Peña arguyeron durante los primeros 10 días de la desaparición de los normalistas para no involucrarse? ¿No el propio Murillo ha tratado de explicar una y otra vez por qué no le correspondía a la PGR intervenir desde un inicio?
Según Camacho, a diferencia del panista Calderón, Peña en cambio sí “habló desde el inicio de la necesaria coordinación”.
Y no crean que la frase la dijo Camacho una sola vez. La reiteró incluso al final de la entrevista. O sea, insistió en el argumento de por qué la desaparición de los 43 normalistas era un asunto federal desde el primer momento.
En fin, así son sus verdades, así reescriben la historia y de paso se golpean entre ellos.
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AMLO Y MONREAL EN LA CUAUHTÉMOC.- Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Monreal hacen el uno-dos. Martí Batres y Eduardo Cervantes (dirigentes de Morena a nivel nacional y en el DF, respectivamente) les abren camino.
En plena colonia Condesa, el zacatecano asoma formalmente en calidad de enlace delegacional (sabido es que Monreal se lanzará en busca de la delegación Cuauhtémoc el año entrante y de ahí, si logra el triunfo, por el gobierno del DF). Su equipo -el actual y el de antaño- lo acompaña. El tabasqueño lo arropa.
Su lucha, la de ambos, la de la dirigencia en pleno, es contra el PRD. No hay uno sólo de los oradores -Martí, Cervantes, Monreal, AMLO- que no haga referencia al sol azteca, a su falta de ética, a su alianza con el gobierno, al Pacto contra México, a su decadencia.
“¡Fueron todos, no sólo Los Chuchos, los que avalaron ese Pacto: los bejaranos, los bautistas, los manueles, los amalios…¡todos!”, acusaba Batres.
López Obrador precisa que nunca va a ofender a los militantes del PRD, pero subraya que ya no está en ese partido.
Monreal pide apoyo a los cientos de asistentes. Inicia la lucha por la delegación Cuauhtémoc (espacio donde el propio López Obrador y el Chucho mayor, Jesús Ortega, tienen sus oficinas), por conquistar el DF, por arrebatarle al PRD su emblemático bastión.
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LA DESHONESTIDAD DE LOS GOBERNANTES.- Del atiborrado salón Mercurio surge una y otra vez el grito: “¡Fuera Peña!”. Andrés Manuel alega: “Nada ha dañado más a nuestro país que la deshonestidad de los gobernantes”.
Los gritos suben de tono. López Obrador sigue: “El principal problema del presidente es que Peña encarna la corrupción”. A renglón seguido narra las andanzas del contratista favorito del mexiquense.
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GEMAS: Regalito de Martí Batres: “Del Ogro Filantrópico que vio Octavio Paz ahora no queda más que el Ogro”.
