Hace unos días empezaron a aparecer unos postes ligeros en algunas avenidas de la ciudad. El nombre correcto de estos objetos es “bolardos retráctiles” o “hitos”, y tienen por finalidad corregir las trayectorias de los vehículos automotores, reducir el área de circulación de los mismos y, sobre todo, ganar seguridad para los distintos usuarios de la vía, pero en particular los peatones.
La instalación de estos “tubos”, como la gente los llamó en redes sociales, corresponde al programa “Pasos Seguros” detonado por distintas instancias del Gobierno de la Ciudad de México y liderado por la Autoridad del Espacio Público (AEP). Este programa es la evolución positiva de uno anunciado el año pasado, Cruceros Seguros, que terminó siendo un rotundo fracaso por parte del Gobierno del Distrito Federal.

Sin embargo, el programa Pasos Seguros, si bien es un buen planteamiento de mejoras a la seguridad, viene acompañado de una gran confusión a los automovilistas. ¿Para qué angostaron Marina Nacional y otras vías con esos tubitos? Es claro que ocurre una mala comunicación. Circula en redes un video en el que la titular de la AEP trata, con desatino, de explicar para qué son los “tubitos” y las macetas que se han colocado en vialidades como Marina Nacional, La Viga, San Antonio Abad y Ermita.
Elementos como la velocidad de los automotores, las trayectorias impredecibles de los vehículos y los grandes pasos peatonales, son algunas de las causas de accidentes mortales en la ciudad. Estrechar carriles, reducir área de exposición del peatón, reducir velocidades, hacer predecibles los movimientos de vehículos y peatones, ayuda a disminuir los riesgos de siniestros viales.
La colocación de hitos en camellones y banquetas no necesariamente está destinada a ampliar el área por la que caminen los peatones, sino más bien a corregir el área disponible para los autos y camiones. Esa es la parte que la AEP no ha sabido dejar en claro: los “tubitos” no necesariamente buscan ampliar áreas peatonales, sino modificar carriles vehiculares donde existan riesgos.
Contra los famosos “tubitos” he visto cientos de opiniones en las que nadie se explica con qué lógica fueron colocados, y más aún, reclaman con fotografías las kilométricas filas de tráfico. ¿Qué es más importante, salvar vidas o agilizar la circulación de vehículos? Por desgracia, el enfoque que ha dominado, en México, hasta el momento, es el de dar preferencia al paso de vehículos.
La extrañeza de los conductores es perfectamente entendible. ¿Por qué si antes era tan fácil dar una vuelta a la izquierda ahora sólo se permite el paso de un vehículo a la vez? Esa es la parte más difícil de la instrumentación. Los criterios de diseño y funcionamiento viales que prevalecen en toda la ciudad son muy inseguros pero a la vez elevan la capacidad vial.
No puedo decir que los diseños viales con los “tubitos” puedan mejorarse para incrementar la capacidad sin elevar los riesgos de incidentes, pero sospecho que es así. La asesoría de una agencia neoyorkina, Bloomberg Foundation, me hace pensar que pudieron seguir criterios de conducción estadounidenses, como ya ocurrió en la calle 20 de Noviembre, en el centro, donde si bien realizaron una buena intervención dejaron espacios inútiles que no usan ni peatones ni vehículos.
En el caso de los pasos seguros, la vida está por encima de todo, pero para que este programa tenga éxito necesita una mejor relación con los afectados, antes que el programa se desgaste.
