El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que intentará designar como grupos terroristas a los cárteles de la droga que operan de manera ilegal y violenta en nuestro país. La idea no es nueva, pues desde marzo de este año algunos congresistas republicanos trataban de impulsar una iniciativa en apoyo a ello. Tampoco es un tema exclusivo del gobierno de Trump: durante las administraciones de George W. Bush y Barack Obama la idea ya rondaba por los pasillos de Washington. Es un hecho que, a partir del año 2001, tras el ataque a las Torres Gemelas, la Unión Americana ha hecho del terrorismo su principal enemigo y, al mismo tiempo, su principal argumento para exportar estrategias de seguridad.

Catalogar a los cárteles de la droga como grupos terroristas es un error desde diferentes dimensiones. La primera es conceptual pues, aunque no existe una definición universal sobre qué es el terrorismo, hay consenso respecto a que esas agrupaciones criminales tienen como objetivo impulsar una agenda o ideología, utilizando como principal herramienta la generación de terror entre la sociedad. Los cárteles de la droga, cuyos actos violentos son inadmisibles y deben ser castigados, buscan generar una ganancia económica; pensar que se conducen por alguna ideología representaría otorgarles una plataforma con la cual nunca han contado.

Otro elemento que también resulta problemático en torno a las recientes declaraciones del mandatario de EU es precisamente la falta de consistencia entre a quiénes decide catalogar como terroristas. En casi todos los países existen cárteles de la droga que utilizan métodos violentos para apoderarse de los mercados. Sin embargo, pareciera que la postura del habitante de la Casa Blanca para no otorgar esa denominación en otras latitudes, pero sí en México, tiene una carga política importante, y que este tipo de declaraciones le reportan algún beneficio para afianzar su posición en la actual contienda electoral de su país.

Finalmente, la mencionada declaración resulta inadmisible dentro del marco cooperación y respeto de la soberanía que debe imperar en la relación entre ambas naciones. Nuestra vecindad hace que EUA y México compartamos problemas comunes y que, por tanto, seamos corresponsables de encontrar una solución sin vulnerar nuestras soberanías. Desde el Gobierno mexicano se está trabajando para prevenir y combatir la inseguridad, y desde el estadounidense se debe atender la prevención del tráfico ilegal de armas de fuego a nuestro territorio, y disminuir la demanda de droga, la cual alimenta el mercado ilícito en el país.

En otras ocasiones EU ha catalogado como terroristas a grupos de otros países, resultando en invasiones que generan inestabilidad política y económica. Este pretexto ha sido también utilizado para impulsar le beligerancia en las estrategias de seguridad pública ajenas a la suya. La cooperación entre ambas naciones no se debe basar en falsos discursos que persigan fines particulares; debe buscar siempre el bienestar de las sociedades. Por ello, esta administración defenderá firmemente y en todo momento la soberanía nacional, velando por el interés legítimo de las y los mexicanos, sin dejarnos confundir por falsas trompetas de guerra.

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