Los resultados de las votaciones van en otra parte, en la nota del día.
A partir de ellos será fácil imaginar el comportamiento a asumir en las próximas horas y, tal vez, meses por cada una de las fuerzas políticas en liza, pero no cambiará respecto a procesos anteriores.
El cuadro será el siguiente:
Partidos y candidatos ganadores magnificarán sus victorias con enfoques específicos y declaraciones triunfalistas en todos los espacios mediáticos.
Los perdedores llorarán sus derrotas con denuncias de anomalías y delitos electorales conocidos: compra de votos, alteración del padrón, uso público de recursos en campañas...
Pero al final serán siete magistrados electorales, bajo la presidencia de Constancio Carrasco, quienes atenderán quejas e impugnaciones y deberán dar la razón a unos o a otros.
La interpretación de la voluntad popular por la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Sólo uno o dos estados a salvo
El escenario quedó listo desde las campañas.
Durante los meses previos a las votaciones de ayer entrevisté a autoridades electorales y dirigentes partidistas sobre cómo avizoraban los días siguientes al 5 de junio.
Los magistrados electorales, me dijo uno de ellos, “estamos convencidos que al final de cuentas casi todos los resultados para gobernador caerán a la Sala Superior y debemos estar preparados para tomar decisiones”.
-¿Cuáles, por ejemplo?
-¿Cuáles no? –me refutó-; si acaso uno o dos estados no.
Con base en las tendencias, era fácil imaginar a Hidalgo y tal vez Puebla o Sinaloa, donde las ventajas de los punteros eran claras, respectivamente, para el priista Omar Fayad, el panista Antonio Gali y el priista Quirino Ordaz.
Sin embargo, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ya prepara impugnaciones por el proceso en Puebla no tanto por los números finales, sino por lo desigual de la contienda para su candidata Blanca Alcalá.
Ya se analizan las anulaciones
Si esas previsiones resultan, hablamos de 10 gubernaturas en manos de la justicia.
Con una salvedad:
Puede haber quejas debidamente sustentadas y con gravedad suficiente para llevar a la anulación.
Ya se verán los términos de los recursos interpuestos, pero dé por descontado: la autoridad judicial ha registrado anomalías suficientes para repetir este fenómeno vivido hasta ahora por dos estados en la era moderna: Tabasco y Colima.
En 2000 se dio la primera sorpresa cuando el TEPJF desconoció el triunfo del priista Manuel Andrade y convocó a elecciones extraordinarias.
Resultado: en 2000 ganó con ocho mil votos y en 2001 superó con 16 mil al perredista Raúl Ojeda Zubieta.
En 2003 pasó lo mismo con Colima y repitió en 2015 porque al entonces gobernador Mario Anguiano se le pasó la mano para obstaculizar al priista José Ignacio Peralta.
Por coincidencia, Andrade condujo la segunda victoria de Peralta.
Y por coincidencia, Andrade podría ser el ganador de cinco gubernaturas: dos suyas, las de Peralta y, si se confirma, la de Mauricio Góngora en Quintana Roo.
