El arquitecto electoral del PRI se llama Samuel Aguilar. Su principal misión es arrebatarle al PAN la gubernatura de Baja California, la primera entidad ganada hace poco más de 23 años por el partido que se acaba de ir de Los Pinos. Aguilar es un político que junto con Ulises Ruíz fue de los hombres más cercanos a Roberto Madrazo, pero encontró oportunidad en el PRI de Peña Nieto.
Siempre para un Presidente de la República las primeras elecciones de su sexenio son determinantes porque es el escenario real que le permite medir su carisma y la fuerza electoral de su partido. Pero los procesos electorales de julio además tienen un significado especial porque Acción Nacional, instituto que hace seis años apenas logró retener Baja California, está cerca de ver demolida la joya de su corona en el peor momento de su creación, pues dos grupos (lo que queda del calderonismo y el maderismo) disputan ferozmente el control con la mitad de militancia con que gobernó el pasado sexenio.
En esa coyuntura es donde relumbra el trabajo de Samuel Aguilar como secretario de elecciones del PRI. Ya hizo lo más difícil: conciliar la candidatura en la que como principal favorito aparecía Jorge Hank Rohn, principalmente por su capacidad económica y poder. El hijo del profesor rural Hank González que acuñó el término “político pobre, pobre político” que luego se elevó como evangelio entre el priismo nacional, reconoció a Fernando Castro Tentri como el candidato oficial aún odiándolo a muerte.
La historia política de Aguilar cobró notoriedad cuando le tocó operar la campaña de Francisco Labastida en Oaxaca. Ahí el PRI obtuvo excelentes resultados a pesar de Vicente Fox había barrido en el resto del país, pero por la tarde de aquél 2 de julio de 2000 el cielo se nubló en Oaxaca cuando de la oficina nacional del Revolucionario Institucional Aguilar recibió una llamada.
Era Dulce María Sauri, la entonces jefa del partido. “Cancela todo, no habrá festejos”, le dijo. Tenía preparada una fiesta en el centro de la entidad, pero todas las encuestas levantadas por el PRI revelaban la derrota de Labastida. “¿Cómo? ¿Estás segura? Acá la victoria se sostiene para nosotros”, comentó alarmado Aguilar.
Al día siguiente salió del hotel apresuradamente con rumbo hacía al aeropuerto y cuando estuvo en la ciudad de México coincidió con José Murat (hoy coordinador general de los acuerdos del Pacto por México), quien desataba una protesta para impedir que Ernesto Zedillo, entonces presidente de la República, volviera a meter las manos en el partido y designar al sucesor de Sauri.
El movimiento que encabezaron ambos y que fue apoyado por ex presidentes del PRI como Gustavo Carbajal, terminó con las intenciones de Los Pinos de que Jesús Murillo Karam (actualmente procurador general de la República) sucediera a Sauri. En ese lapso Aguilar hizo un documento de algunas cuartillas sobre la derrota y el futuro del partido.
Por su identificación con buena parte de la militancia acabó impreso en una especie de cuadernillo al que tituló: Ganar el futuro, refundando el partido. Y en la portada aparecían la siguientes siglas: PNR, PRM y PRI y en otro espacio un ? remarcado en negritas.
El documento había tenido impacto porque además de ser el primero en preguntarse si el PRI debía cambiar de siglas, se reflexionaba sobre un tema en el que ningún otro priista había tenido tiempo de reparar en medio de la peor catástrofe del partido que gobernó más de 72 años ininterrumpidos. A partir de que Roberto Madrazo ganó la presidencia del PRI, Aguilar se convirtió en un político de gran influencia.
Luego de que el poder le durara a Madrazo hasta el 2006, pues quedó en tercer lugar en las elecciones presidenciales, la influencia de Aguilar se vio mermada.
Sin embargo, no desapareció del escenario pues sus buenos oficios en la arena política lo llevaron a formar parte de la 60 Legislatura en la Cámara de Diputados, donde en el primer año, logró una de las iniciativas más importantes del periodo: Reforma a la Ley General del ISSSTE, la cual impidió la quiebra del instituto, el mejoramiento de la infraestructura, ampliar la cobertura e igualar oportunidades.
Eso ocurrió al inició de la Legislatura y a manera de broma Gamboa le dijo: “Tu ya te puedes ir a descansar”, ya que se trataba de uno de los temas que se habían postergado peligrosamente. En esa Legislatura consolidó su amistad con César Camacho Quiroz, ahora líder nacional del PRI, una vez que a éste la ex presidenta nacional del PRI Beatriz Paredes lo nombró representante de la Fundación Colosio.
Como número dos de la fundación, Aguilar hizo planeaciones para el proceso electoral del que Peña Nieto salió bastante bien librado. Su trabajo destacó entre otras acciones porque hizo las negociaciones sobre las candidaturas que le tocaron al PVEM y el PANAL, partido de la maestra Gordillo con el que de última hora el PRI rompió alianzas.
Ahora como secretario general de elecciones, Aguilar ha dicho: “Para las elecciones de julio de este año, vamos a trabajar las alianzas. A nuestros presidentes de partido a nivel local se les ha dado la confianza, pero también la instrucción, de que tomen la iniciativa para iniciar pláticas locales con sus colegas de otros partidos”.
El PRI tiene posibilidades de quitarle al PAN la joya de la corona pues en el pasado proceso electoral perdió todos los municipio y la mayoría en el Congreso local. Allí están dos ex madracistas (Samuel Aguilar y José Murat) consolidándose en el PRI de Peña Nieto.
