Dónde más podía ocurrir el conteo por los 43 normalistas de Ayotzinapa sino en tierra de un hombre progresista y muy cercano al papa Francisco.

 

Claro, en Morelia, Michoacán, terreno del cardenal Alberto Suárez Inda.

 

Y por supuesto, empujado por el bajo clero, por los seminaristas, por los religiosos de a pie, por aquellos que miran de cerca y comparten el dolor por los desaparecidos.

 

Porque a ver, quiénes más se habrían atrevido a desafiar la crítica de Federico Lombardi, vocero del Vaticano, quien se quejó de la “presión” ejercida para que el obispo de Roma se reuniera con los padres de los 43.

 

No los príncipes de la Iglesia encabezados por el cardenal Norberto Rivera, ¿verdad?

 

Mucho menos los políticos congregados por Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional, cuyo mayor deseo fue tomarse una selfie con el Papa.

 

Ocurrió, pues, en esa tierra en la que Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico hace 10 años; donde nacieron las autodefensas, con Hipólito Mora y el doctor José Manuel Mireles a la cabeza, y donde la acción pastoral sale a la calle, denuncia, defiende a los suyos y hace oír su voz.

 

Fue en pleno estadio Venustiano Carranza de Morelia, Michoacán. Y sin tapujos.

 

Porque abiertamente –así lo muestran los videos que circulan en las redes–, vistiendo incluso sus sotanas, representantes de la arquidiócesis convocaron a los seminaristas y a todos los presentes ahí reunidos a elevar plegarias por las familias y los estudiantes desaparecidos la noche del 26 de septiembre del 2014.

 

¡Y entonces ocurrió! Miles de voces se alzaron: Uno, dos, tres…35, 36, 37… hasta el 43.

 

Así se hicieron presentes los 43 de Ayotzinapa.

 

Que el Papa aún no llegara al estadio –faltaban 40 minutos para su arribo– era lo de menos. Lo importante para aquellos religiosos y ciudadanos que participaron en el conteo de los ausentes era hacer sentir que estaban ahí los desaparecidos, que no los habían olvidado.

 

Era la manera de darle la vuelta a las presiones del gobierno por evitar el tema, y de poner oídos sordos al rechazo del Vaticano de permitir el encuentro de los padres de los normalistas con Francisco.

 

¿Sabía el arzobispo de Morelia, Suárez Inda, que algo así ocurriría?

 

Es muy probable. Y no sería de extrañar que hubiera contado con la venia del propio jesuita argentino que hoy ocupa la silla de Pedro.

 

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La principal amenaza a la esperanza.- Retomemos algunos de los párrafos que más llamaron la atención de los discursos del papa Francisco ayer, en Morelia, Michoacán.

 

Estos fueron dedicados a los jóvenes:

 

“La principal amenaza a la esperanza es cuando sentís que da lo mismo que estés o que no estés. Eso mata, eso nos aniquila y es puerta de ingreso a tanto dolor.

 

“La principal amenaza a la esperanza es hacerte creer que empiezas a ser valioso cuando te disfrazas de ropas, marcas, del último grito de la moda, o cuando te volvés prestigio, importante por tener dinero pero, en el fondo, tu corazón no cree que seas digno de cariño, digno de amor.

 

“La principal amenaza es cuando uno siente que tiene que tener plata para comprar todo, incluso el cariño de los demás.

 

“La principal amenaza es creer que por tener un gran carro, sos feliz”.

 

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No se dejen excluir.- Es difícil saber qué tanto penetran las palabras y los mensajes del jefe del Estado Vaticano. Pero no cabe duda que ha movido a miles y miles a su paso, y que no son pocos los que se han emocionado con su forma de ser y de hablar.

 

Ayer, por lo demás, se le vio alegre y su mensaje hacia los jóvenes fue insistente:

 

“Ustedes son la riqueza de México y la riqueza de la Iglesia. Y entiendo que muchas veces se vuelve difícil sentirse la riqueza cuando nos vemos expuestos continuamente a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror.

 

“Es difícil sentirse la riqueza de un lugar cuando, por ser jóvenes, se los utiliza para fines mezquinos, seduciéndolos con promesas que al final no son tales”.

 

Pero del mismo modo reconvino: “Es mentira, y lo decimos de la mano de Jesucristo, que la única forma que tienen los jóvenes de vivir es la pobreza y la marginación”.

 

Para finalmente pedirles: “No se dejen excluir, no se dejen desvalorizar, no se dejen tratar como mercancía”.

 

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