“Es el rostro amable, el rostro cordial, el rostro cercano del gobierno para con las familias mexicanas” calificó el presidente Enrique Peña Nieto al Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) cuando presentó a su esposa, Angélica Rivera, como la cabeza del Consejo Consultivo Ciudadano de esa institución de asistencia social este 6 de marzo en Los Pinos.

 

El DIF, parte medular de nuestro Estado, funciona como puente entre las instituciones y la célula principal de la sociedad: la familia. Es así que al atribuírsele las características protectoras, carismáticas y asistenciales del DIF a la figura de la Primera Dama se afianza en el imaginario social el que las mujeres son las más adecuadas para el cuidado de la familia, por su tradicional pertenencia a la esfera de lo privado, lo doméstico, el hogar.

 

No en vano el presidente Peña Nieto aseveró: “yo le quiero agradecer su disposición (a Angélica Rivera). Sabe que en el hogar, ella lo sabe muy bien, y déjenme compartirlo con ustedes, en el hogar ella ha cumplido, ha sabido cumplir muy bien, como lo hizo en el pasado, con un doble equilibrio, con su trabajo profesional”.

 

Rivera como madre, esposa, trabajadora dentro del hogar y el exterior, haciendo referencia a su profesión como actriz, mejor conocida por su papel protagónico en la telenovela Destilando amor de donde obtuvo el apodo de Gaviota se ha convertido en un símbolo de la tradicional mujer mexicana con todos sus estereotipos, loas y sinsabores.

 

Para muchos el lado soft, el lado blando del gobierno, ese espacio íntimo que es la familia, lo privado, se encuentra materializado en el DIF al cual ella representará como rostro, imagen, presencia, haciendo de esa institución, un escenario como si de un set se tratase.

 

Esto debido no sólo a su pasado como actriz sino a que aparentemente será la abogada Laura Vargas Carrillo, esposa del Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, el brazo operativo del DIF mientras que Gaviota será el rostro de la institución.

 

Esta mancuerna política donde Vargas Carrillo se dedicará a administrar y representar legalmente a la institución como le fue instruido por el Presidente desde el 8 de enero de este año y Rivera como un apoyo logístico y de imagen para el gobierno federal pretende mejorar el tejido social ya que la percepción generalizada que tiene la sociedad sobre México es la de padecer un malestar endémico.

 

Esto nos lleva a recordar el origen de la asistencia social institucionalizada en el país lo que nos remonta al Programa Gota de Leche de 1929 donde un grupo de mujeres preocupadas por la alimentación infantil se agruparon para mejorar las condiciones de niñas y niños. Posteriormente se conformó el Instituto Mexicano de Asistencia a la Niñez (IMAN), luego el Instituto Mexicano para la Infancia y la Familia (IMPI) y que en 1977 se convirtió en el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), teniendo como objetivo proteger a la infancia y a la familia.

 

La necesidad de administrar los asuntos cotidianos de la ciudadanía siempre ha existido, lo que convierte a la colectividad en una sociedad doméstica gigantesca y debido a que las mujeres han sido inscritas tradicionalmente dentro de las estructuras de lo privado vinculado con lo doméstico, pareciesen ser las más adecuadas para cumplir esas funciones de cuidado, administración hogareña y limpieza como señala la filósofa alemana Hannah Arendt.

 

Aparentemente las tareas vinculadas a lo doméstico, la esfera del hogar, la familia, se ubicarían como lo soft, el lado blando de la política, sin embargo es lo más duro, lo más complejo como lo aseveró la misma Angélica Rivera al señalar que “la familia es el corazón que hace que México se mueva”.

 

Precisamente en esta coyuntura de salvaje neoliberalismo se requiere con mayor premura, eficacia y eficiencia que las labores asignadas al DIF, de apoyo a los más vulnerables de la sociedad sean satisfechas ya que hay que revertir de manera palpable no sólo en el discurso sino en lo práctico esa pobreza si ya no digamos de proveer de abundancia si dar cierta estabilidad.

 

Lamentablemente lo doméstico, si bien es imprescindible, ha sido permanentemente depreciado y minimizado. Pareciese que las tareas de ayuda a la niñez, a la familia, a los más necesitados es un mero accesorio de la política cuando realmente es la base de la sociedad.

 

No es de extrañarse que Peña Nieto diga que Angélica Rivera será el rostro de esa institución como si de un mero adorno se tratase, no sólo por representar la cara bonita del DIF, sino porque no tendrá el pleno poder de tomar decisiones al sólo tener un puesto honorario lo cual nos remite más a la forma que al fondo, lo que limita su rol.

 

Empero habrá que seguir con detenimiento su quehacer político y observar que tanto nivel de injerencia tendrá dentro de la institución en los siguientes seis años.