Conozco a Esteban Moctezuma desde 1993, cuando ambos trabajábamos en la SEP con Ernesto Zedillo; yo en una humilde posición. Desde entonces reconozco sus valores personales, su profesionalismo e interés por la educación.
Confío en él y en su capacidad para enfrentar el mayor reto de su vida: mejorar la formación de millones de niños y jóvenes de nuestro país.
La tarea no es sencilla, ya que nuestro sistema educativo es enorme y complejo. Y el desarrollo que ha tenido en sus componentes es, por decir lo menos, desigual. En los últimos años, mientras se han realizado cambios de fondo, se han tenido que resolver temas que parecerían de otro siglo: saber cuántas escuelas, cuántos alumnos hay y dónde están; en qué condiciones se encuentran los planteles, tener control de la nómina educativa, eliminar aviadores y una larga lista de temas que se trabajan, más los muchos que siguen pendientes.
Y es que no se trata de transitar, sino de transformar. Como autoridad, el Gobierno deberá ser capaz de marcar metas y llegar a ellas. Para ello hay un aspecto esencial: la gobernabilidad del sistema educativo. En nuestro país lamentablemente el control sobre el sistema educativo se fue cediendo al SNTE y a su opositora, la CNTE.
Recuperarlo para la autoridad ha sido costoso, pero gracias a ello, el sistema educativo no sólo ha avanzado, sino se ha “normalizado”. Los alumnos toman prácticamente todos sus días de clase, los paros de semanas enteras han cesado, las manifestaciones de maestros en la Ciudad de México se han reducido al mínimo, los docentes se evalúan y se capacitan con regularidad, las plazas de maestros se asignan de acuerdo al mérito, se ha recuperado para las aulas el dinero que se iba en pagar aviadores.
El Gobierno entrante debe preguntarse si de verdad se quiere regresar al viejo esquema de venta y herencia de plazas. A los años en que en Oaxaca había paros de 100 días en un solo ciclo escolar. A las protestas violentas de la coordinadora en los estados más atrasados del país. A las manifestaciones interminables en la Ciudad de México.
Basta voltear a ver a Oaxaca, donde el gobernador Murat comenzó cediendo a las demandas de la Coordinadora y hoy vive presa de su chantaje y amenazas.
Abrogar la reforma educativa, como lo pretenden los líderes de la coordinadora, puede ser de un altísimo costo, a cambio de un supuesto apoyo electoral que, viendo los resultados de la elección de julio, pudo haber sido irrelevante.
El gran capital político con el que arrancará la siguiente administración es apenas del tamaño de la expectativa de cambio que genera. No creo que deba ni tenga por qué ceder a la presión de grupos cuyo interés más lejano es la educación de los niños.
Las voces que debe oír Esteban Moctezuma son las de millones de niños de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, hundidos en los peores lugares de desempeño académico. A ellos que, si se cede hoy al chantaje de la CNTE, en algunos años vivirán en las mismas o peores condiciones de pobreza que sus padres, porque su única oportunidad de acceder a una mejor calidad de vida fue dilapidada en aras de complacer a los “maestros”.
