Julio Iglesias atraviesa el momento más complejo de su historia pública. A los 82 años, el cantante enfrenta una investigación abierta en la Fiscalía de la Audiencia Nacional tras las denuncias presentadas por dos mujeres que trabajaron en sus residencias del Caribe, quienes lo acusan de agresión sexual, acoso, trato degradante y condiciones laborales abusivas por hechos ocurridos en 2021 fuera de España.

Los testimonios, difundidos tras una investigación periodística de largo aliento, describen presuntos tocamientos sin consentimiento, control excesivo, humillaciones y un entorno de vulnerabilidad que, de confirmarse, modificaría de forma irreversible la imagen del artista que durante décadas fue sinónimo de romanticismo global.

La defensa de Iglesias ha reaccionado con firmeza. A través de su equipo legal solicitó el archivo inmediato de la investigación, argumentando que la Fiscalía española no es competente para conocer hechos ocurridos en República Dominicana y Bahamas, y advirtiendo que permitir el avance del caso sentaría un precedente jurídico cuestionable y provocaría un daño reputacional irreparable.

El cantante ha negado categóricamente las acusaciones que califica de falsas al tiempo que manifestó su desconcierto ante una investigación que, sostiene, se ha construido fuera del marco territorial que marca la ley.

La Fiscalía mantiene abiertas diligencias preprocesales bajo reserva, centradas en determinar si existen elementos suficientes para judicializar el caso.

El proceso se encuentra en una fase temprana, pero ya coloca a Iglesias en el centro de un debate que trasciende lo penal: el de la responsabilidad de los íconos culturales frente a denuncias de abuso y el peso de los testimonios frente al legado artístico.

Todo ocurre mientras el cantante permanece alejado de la vida pública, recluido entre sus propiedades del Caribe y Miami, con escasas apariciones y versiones que apuntan a un deterioro físico que ha contribuido a su desaparición mediática.

En paralelo, el espectáculo sigue exhibiendo cómo las figuras públicas navegan entre lo personal y lo legal. Se habla del próximo regreso de Frida Sofía a México y de su posible ingreso a un reality, luego de desistir de la denuncia que había presentado contra su abuelo Enrique Guzmán.

El Güero Castro, por su parte, abordó con cautela el estado de salud de Verónica Castro, aseguró que se trató únicamente de un chequeo médico sin gravedad, y al referirse a los señalamientos contra Julio Iglesias subrayó que hoy los temas de consentimiento deben tratarse con especial cuidado.

Desde Argentina, la polémica también se alimenta del discurso artístico. Cazzu fue ovacionada en el festival de Jesús María, en Córdoba, donde el éxito de su presentación contrastó con la atención que generó un comentario lanzado desde el escenario al interpretar Otro como tú, cuando afirmó que no hay que enamorarse de estúpidos, frase que fue leída como una indirecta personal y detonó reacciones en redes.

 

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