La imputación del dueño de Miss Universo vuelve a sacudir al certamen mientras crecen quejas de discriminación y fallas internas.

Raúl Rocha Cantú se encuentra nuevamente bajo el escrutinio público tras ser imputado por la Fiscalía General de la República (FGR) por presunto tráfico de drogas y armas, un golpe directo a la credibilidad de Miss Universo justo cuando el certamen intenta vender una imagen de modernidad e inclusión.

El clima no ayuda: Miss Portugal acusó que las concursantes casadas y con hijos fueron descartadas desde el inicio, mientras Miss Guadalupe denunció racismo luego de que, según ella, la organización condicionara visas y participación.

La tormenta interna revela un sistema que intenta parecer renovado, pero que sigue operando con viejas prácticas que contradicen su propio discurso.

A ese panorama se suma la defensa desesperada de algunas figuras que participaron en ediciones previas, intentando matizar lo que cada semana parece más evidente: el certamen está perdiendo legitimidad frente al público y frente a las concursantes, que cada año exponen irregularidades que antes se quedaban en silencio.

La búsqueda de inclusión termina empañada por decisiones opacas que alimentan sospechas, especialmente mientras su propietario enfrenta un proceso penal que, aunque no resuelto, genera ruido internacional.

En México la tensión se replica con otros focos rojos. PROFECO suspendió el hotel de Roberto Palazuelos en Tulum por altos precios y menús solo en inglés, una práctica que ha sido señalada como abuso hacia turistas nacionales y que pone al actor-empresario en una nueva controversia sobre servicio y transparencia.

Y mientras algunos intentan justificarlo como política turística, la sanción revela un problema más profundo en la oferta hotelera de zonas de lujo donde el consumidor mexicano suele quedar relegado.

En la música, el debate se calentó cuando un músico de Peso Pluma aseguró que varios rockeros ahora buscan entrar al terreno de los corridos tumbados, recordando cómo, según él, antes los llamaban “indígenas”. La declaración expuso no solo el choque generacional, sino la tensión entre géneros que históricamente han desestimado la música regional y que hoy quieren beneficiarse del fenómeno sin reconocer el estigma previo.

Brincos Dieras también terminó vetado en Cajeme, Sonora, bajo el argumento de que su show no es apto para audiencias locales, aunque detrás del veto persiste la discusión sobre hasta dónde llega la censura municipal y hasta dónde la protección comunitaria. El caso abre preguntas sobre la delgada línea entre decisión cultural y control político disfrazado de moralismo.

El tono emocional llegó con Vadhir Derbez, quien respondió a críticas por su silencio mientras Aislinn atraviesa el duelo por la muerte de su mamá. El actor aseguró que cada quien procesa como puede y que a su hermana “le va a tomar tiempo estar bien”. La familia intenta mantener discreción, pese a la presión mediática que exige declaraciones inmediatas incluso en momentos de pérdida profunda.

 

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