El golpe más fuerte de la semana lo recibió Gloria Trevi: el juez que la exoneró, Javier Pineda Sola, nunca tuvo cédula profesional y ahora su resolución podría revisarse, reactivando un caso que la cantante daba por cerrado.
La revelación desató dudas sobre quién permitió que un funcionario sin acreditación tomara decisiones de ese calibre, mientras los abogados de La Trevi se preparan para enfrentar un proceso que promete incendiar otra vez el debate público.
En medio de ese torbellino, la industria sigue su marcha: Fátima Bosch llegó a Nueva York como Miss Universo entre mariachis y bailes típicos, aunque con pocos fans esperándola, prueba de que el brillo del certamen ya no garantiza respaldo mediático automático. Aun así, su presencia terminó filtrándose en todas las redacciones, intercalando entre polémicas más pesadas.
La visita de Dua Lipa a México encendió redes luego de que se le viera bailando salsa como experta junto a su novio antes de sus conciertos. El video llegó hasta Shakira, quien reaccionó emocionada al cover de Antología que la británica interpretó, un gesto que unió a dos mundos pop sin necesidad de escándalo.
Menos armonía hubo en la familia Rivera: Lupillo aseguró que no ha sido notificado formalmente de la demanda de Belinda, pero sus declaraciones dejaron ver que el conflicto seguirá escalando.
El que sí intentó frenar especulaciones fue Christian Chávez, quien junto a Fey llamó a concientizar sobre el VIH durante un evento en el Monumento a la Revolución, mostrando que no todo en el espectáculo se reduce a pleitos legales.
Entre las notas más suaves, Sofía Castro celebró su primer aniversario de bodas con Pablo Bernot, reforzando la imagen estable que ha construido pese a vivir rodeada de críticas desde su adolescencia.
En otra esquina del entretenimiento, Selena Gomez volvió a viralizarse, esta vez junto a Benny Blanco bailando El Tucanazo, una postal inesperada que terminó opacando a varias celebridades locales en plataformas donde suelen dominar.
Pero nada logró desviar la atención del escándalo Trevi, que volvió a colocarse como eje de la conversación nacional. La posibilidad de reabrir el expediente exhibe fallas institucionales, responsabilidades políticas y silencios incómodos que hoy regresan con más fuerza porque el país exige claridad. Mientras algunos celebran que se indague la actuación del juez y otros denuncian persecución, el espectáculo queda atrapado entre la legalidad y la narrativa pública, donde cualquier inconsistencia se convierte en sentencia inmediata. Aquí, la historia de Trevi no termina: solo cambió de capítulo.
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