La extracción de Nicolás Maduro de Venezuela con el uso de fuerza militar es una acción que se debe condenar tal y como lo hizo el Gobierno de México, pero al contrario, la oposición, a excepción de Movimiento Ciudadano, la aplaudió en una acción contraria a la premisa de no intervención contemplada en la Constitución como un principio base de la política exterior.

El PRI y el PAN minimizan la acción de un Presidente que trae de regreso y con mayor fuerza el intervencionismo como un eje principal de su política hacia las otras naciones, y que en el caso de Venezuela, va más allá de la doctrina Monroe, pues ahora no se trata de contener el colonialismo europeo en el Continente Americano; el propio presidente estadounidense la ha rebautizado como doctrina Donroe –con el Don de Donald– y la ha distorsionado con la idea de que él puede hacer lo que quiera en el continente.

Los dos principales partidos de oposición deberían replantear su postura y enmarcarla en lo que mandata la Constitución en el artículo 89 párrafo X: “En la conducción de la política exterior, el titular del Poder Ejecutivo observará los siguientes principios normativos: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias”.

Alejandro Moreno y Jorge Romero, presidentes del PRI y del PAN, respectivamente, han priorizado el pragmatismo electoral rumbo a 2027 para reforzar la narrativa de que “el México que cada vez se parece más a Venezuela, puede ser derrocado”, al tiempo que minimizan la posibilidad de que al aplaudir esta intervención militar, se debilita la defensa de la soberanía nacional.

 

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Traición en Venezuela

La hipótesis de que Nicolás Maduro fue traicionado por sus compañeros de lucha ha comenzado a plantearse por varios analistas. Y es que después de la intervención, las cosas se mantienen en calma hasta ahora, y no se ha registrado más que una tibia respuesta de Delcy Rodríguez, actual presidenta de la transición.

La explicación es que su círculo cercano terminó negociando con los norteamericanos para obtener beneficios económicos o simplemente indultos.

El ejército más poderoso del planeta no tuvo que esforzarse siquiera para completar la operación; el comando asignado para esta tarea tenía total conocimiento de los movimientos del presidente venezolano, desde sus actividades cotidianas y hasta las alternativas que tenía para escabullirse en caso de una situación como la que finalmente experimentó. El propio Trump reveló en conferencia de prensa que sabían que intentaría resguardarse en un búnker con puertas de acero, y que llevaban el equipo necesario para sacarlo.

Tampoco el ejército venezolano mostró gran resistencia; los abatidos fueron prácticamente los escoltas cubanos que habían sido enviados desde la dictadura de Miguel Díaz-Canel para proteger al político aliado. Es claro que varios mandos militares locales ya respondían a otro liderazgo, el mismo que hoy los mantiene estáticos frente a la discreta pero todavía visible presencia de las tropas estadounidenses.

 

     @chimalhuacano