Elementos hay, dicen los juristas.

 

La propuesta de Enrique Peña Nieto de legalizar las uniones gays –homosexuales, lesbianas, transexuales, etcétera– fue definitiva para inclinar la balanza conservadora en Aguascalientes.

 

El PAN y su candidato Martín Orozco se colgaron de ese izquierdismo gubernamental y culparon al PRI de atentar contra natura.

 

La víctima fue, en consecuencia, la priista Lorena Martínez.

 

Esto sonaría ilógico en cualquier lugar del país, en especial en la Ciudad de México, donde los gobiernos del PRD han ido más allá al proponer la adopción.

 

Pero en un lugar sinarquista como Aguascalientes, ése es pecado de lesa humanidad.

 

Y el Gobierno federal lo cometió en contra del PRI y de su candidata Lorena Martínez, quien con ese elemento vio desvanecerse sus cuatro puntos de ventaja y al final perdió con no más de dos.

 

El propio Martín Orozco ha manifestado el beneficio de declaraciones del clero católico, las cartas pastorales a su favor, las agrupaciones clericales en gran campaña “a favor de la vida y la dignidad”.

 

Pero el PRI no se ciñe a eso.

 

Trae muchos más argumentos que la injerencia católica del obispo José María de la Torre y su grey, como son actos anticipados de campaña y gastos superiores a los permitidos por la ley.

 

El litigio está abierto.

 

Apuesta por Lorena y Aguascalientes

 

Enrique Ochoa ha tomado la decisión, y la apuesta es de pronóstico.

 

Ha decidido jugar su futuro al pleito en tribunales para hacer uno y mil argumentos sobre las condiciones políticas y preelectorales en Aguascalientes.

 

Antes de iniciar su recorrido nacional, se reunió con su cuerpo jurídico y analizó el proceso en aquella entidad.

 

Luego condenó a Martín Orozco, un prófugo con órdenes de aprehensión y escudado en el fuero para no ser detenido ni procesado.

 

Dijo Ochoa Reza:

 

“Si una persona que se tiene que ocultar en el fuero para no responder ante sus actos, ante la justicia pudiera ser gobernador…”.

 

Luego prometió instalar en Palacio de Gobierno a Lorena Martínez.

 

Un compromiso político.

 

Enrique Ochoa sabrá cuánto debe hacer.

 

Navarrete Prida tiene el apoyo del prd

 

Dígase cuanto quiera, Alfonso Navarrete Prida salió ayer victorioso.

 

Fue reelegido, por unanimidad, dirigente de los secretarios de Trabajo del país, inclusive con el voto de la representante del Gobierno capitalino, Amalia García.

 

Vale la pena recordar a esta perredista.

 

Como secretaria de Asuntos Internacionales del PRI, asistió en octubre de 1993 a la asamblea de la COPPPAL en Río de Janeiro.

 

Todos los partidos de izquierda y de la Internacional Socialista acordaron reelegir al priista Fernando Ortiz Arana.

 

Amalia amagó con votar en contra y cuestionar la reelección.

 

-Está bien, Amalia –le dijo Ortiz Arana en diálogo escuchado por este reportero en un elevador del hotel Gloria sede–. Si quieres traer los conflictos de México a Brasil, lo acepto. Vota en contra mía y del PRI.

 

Amalia calló en la plenaria, y ayer sucedió lo mismo.

 

Ella volvió a ser factor para una elección unánime de Navarrete Prida como titular de la Conasentra.

 

Así es Amalia, así es la política.