Al Grupo Tabasco le comienza a pasar lo que le ocurrió al otrora poderosísimo Grupo Atlacomulco, en el estado de México.

La sustitución (por voluntad o por mandato presidencial) de Adán Augusto López Hernández en la coordinación de los senadores de Morena y en la influyente Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Senado, obligará a un reajuste de las fuerzas de ese grupo, encabezado desde luego por el expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Todavía hay quienes se preguntan si el expresidente le quitó el manto protector a su “hermano’’ López Hernández, o si las presiones internas (dentro del propio partido) y externas (de los Estados Unidos) precipitaron un cambio que se esperaba más adelante y que sorprendió a sus mismos compañeros de bancada.

El Grupo Tabasco tiene todavía representantes en puestos de buen nivel, como es el caso del director del Infonavit y exdirector de Pemex, Octavio Romero Oropeza, y tuvo, en el sexenio pasado, su esplendor con posiciones como el SAT, la Tesorería de la Federación y hasta el gobierno de Chiapas a manos del inepto gobernador Rutilio Escandón, cuñado de Adán Augusto.

Hay, desde luego, posiciones de otros niveles pero con diferentes grados de mando, incluso no nativos de Tabasco, pero que pertenecen a este grupo.

Desde luego que habrá una recomposición de liderazgos en Morena y en el propio Grupo Tabasco, que había sido el más influyente desde que López Obrador llegó al poder en el 2018.

La caída de su operador y financiador, justo en los meses previos a la selección de candidatos de Morena a 17 gubernaturas y la renovación de la Cámara de Diputados, supone un duro golpe para el grupo que encabeza Adán Augusto, pues se quiera o no, su salida está ligada irremediablemente a los escándalos surgidos por su supuesta complicidad (por acción u omisión) al grupo criminal La Barredora, que tanto daño causó a la entidad.

No es lo mismo, no será lo mismo, negociar los puestos para los cuates desde la “coordinación territorial’’ que desde la Jucopo.

No, no es.

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Por cierto, ayer la periodista Dolia Estévez hizo pública la carta de renuncia de José Manuel Murillo Valencia, ahora exencargado de Protección Consular del Consulado de Miami, a donde fue enviado, como premio, Rutilio Escandón, después de dejar a Chiapas sumido en la peor crisis de violencia de su historia.

Murillo Valencia explica que se va porque el cónsul no hace nada por la defensa de los migrantes mexicanos, a pesar del discurso oficial.

“(Escandón) no procuró reuniones con aliados estratégicos ni mostró interés en el funcionamiento interno o el bienestar del personal del consulado mexicano)’’.

En pocas palabras, que el flamante cónsul de la 4T, anda de vacaciones.

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Más de siete horas estuvieron bloqueadas la autopista México-Acapulco y también la carretera federal por un grupo de habitantes de un municipio controlado por un cártel, que se oponen a que otro cártel ingrese a su territorio.

Sólo eso pasa en México, en Guerrero donde la ley sirve para dos cosas.

Lo interesante del asunto es la confirmación de la base social que han concretado los grupos delincuenciales, ahí donde el gobierno ha dejado de hacer su tarea.

En el caso de ayer, habitantes del municipio Juan R. Escudero, y líderes identificados con el cártel de “Los Ardillos’’, bloquearon las vías de comunicación en protesta porque presuntas policías comunitarias, identificados con sus enemigos, “Los Rusos’’ querían ingresar a ese municipio y a Tecoanapa.

Para retirarse querían hablar con la presidenta Sheinbaum.

Increíble.

 

    @adriantrejo