Sinaloa es quizá la entidad federativa con más vigilancia y, pese a los esfuerzos institucionales, siguen ocurriendo asesinatos, secuestros, extorsiones, que ninguna fuerza policiaca ha podido evitar.
De hecho, en Sinaloa, aunque no le guste al gobierno la frase, se libra una guerra fratricida producto de la división del Cártel de Sinaloa: Los Chapitos vs. Los Mayitos (o el Mayito flaco).
No hay tregua entre ambos grupos desde que comenzó la guerra intestina en septiembre del 2024.
El pleito ya no es solo entre grupos de narcos, sino entre los habitantes del estado quienes, aún cuando no realicen actividades ilícitas de ninguna manera, tienen que elegir entre alguno de los dos bandos.
Y no es nada sencillo; cualquier mala decisión puede costar la vida.
Los habitantes del estado, principalmente de la capital Culiacán, de Mazatlán, Guasave, Ahome, desconfían hasta de sus vecinos; no vaya a ser que estén tratando con el bando equivocado.
Esta guerra, que tiene sumido al estado considerado el granero del país, mantiene en picada las inversiones, el turismo y la actividad económica de los comercios de todos tamaños, que tienen que pagar cuotas a uno u otro bando.
Después del intento de asesinato de los diputados de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres Félix y Elizabeth Montoya, el gobierno envió otros 1,600 militares a Sinaloa buscando inhibir la comisión de delitos.
Pero, entre que la estrategia se ajusta y el alto grado de penetración social que los grupos en disputa han logrado a lo largo de los meses (años incluso), las fuerzas federales no llegan a los objetivos primarios.
Cierto es que han asestado golpes mediáticos importantes, como las capturas de narcos “operadores’’ de fulano de tal, o la destrucción de laboratorios, pero las cabezas de Chapitos y Mayitos siguen sin caer.
Lo que sí ha caído, es la desesperanza de los sinaloenses, aparentemente resignados a vivir bajo esa guerra sin fin, pues la reconciliación entre ambos bandos sería el único camino para devolverle la tranquilidad al estado.
Y eso no va a pasar.
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Algunos distraídos se preguntaron por qué el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, había felicitado efusivamente “a su primo’’, Ignacio Mier Velasco, por su designación como presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado si es de fama pública su mala relación.
Quizá no entendieron la ironía de la “felicitación’’.
Cuando el gobernador poblano escribió “mi primo’’, en automático descalificó a Mier como posible candidato a la gubernatura debido a su parentesco en cuarto grado, de acuerdo con la ley contra el nepotismo que entrará en vigor en el 2030.
La gente de Nacho Mier asegura que son parientes en octavo grado pero no es así.
El abuelo de ambos, Ignacio Mier, fue el padre de la mamá de Alejandro, de nombre Cristina Mier y padre del papá de Ignacio, de nombre Moisés Mier.
Es decir, los padres de ambos eran hermanos de padre, por lo que el parentesco es innegable y sería causa del veto constitucional para que el hoy presidente de la Jucopo en el Senado no pueda calificar como candidato a la gubernatura poblana.
Fueron los guindas los que establecieron las reglas.
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Por cierto Armenta anunció ayer el establecimiento de 12 nuevas rutas aéreas, 9 nacionales y 3 internacionales, que ampliarán las capacidades turísticas y de negocios de la entidad.
Volaris será la empresa que operará esas rutas entre las que destacan Los Cabos, Aguascalientes, Villahermosa, Guanajuato, entre otras, mientras que las internacionales serán a Houston, Los Ángeles y al aeropuerto de Newark, en New Jersey, a partir del primer día de junio.
@adriantrejo
