¿Destituir a Rubén Rocha del gobierno de Sinaloa? ¿O a Layda Sansores por sus ocurrencias que tienen sumido a Campeche en una crisis política y de inseguridad no vista antes? ¿O a Alfredo Bedolla de Michoacán, por su reconocida incapacidad para garantizar la seguridad en la entidad?

No, la oposición los quiere en sus respectivos cargos.

Y es que esos tres personajes (más otros como Adán Augusto López y Gerardo Fernández Noroña) se han convertido en la mejor antipropaganda de Morena.

Cada día, por acciones u omisiones, los morenistas con cierto grado de poder se han encargado de exhibir la fragilidad de sus principios, su banalidad, soberbia, desconocimiento, que juega a favor de los partidos opositores.

No hay día en que Sinaloa no sea noticia; no hay día en que los campechanos (inclusos sus propios legisladores locales guindas) se quejen de las ocurrencias de Layda y de la creciente inseguridad cuando la entidad fue, por años, la segunda menos violenta del país, solo debajo de Yucatán.

La oposición lo único que ha hecho es capitalizar, hasta ahora en el discurso, ya se verá si en el 2027 también en posiciones políticas, la suma de errores de estos connotados morenistas.

¿Para qué querrían el PAN y el PRI que “Trump se llevara a Rocha Moya’’, si el sinaloense es el principal blanco de las críticas a las políticas públicas de combate a la delincuencia?

Rocha valida, una a una, las feroces críticas que a diario hace al gobierno morenista (en general) el presidente del PRI, Alejandro Moreno, sin que se encuentre en el camino una voz guinda autorizada para responder a los adjetivos del dirigente tricolor o a los que ciudadanos cansados publican en redes sociales.

Estos morenistas se han convertido en los mejores aliados de la oposición.

Lo raro es que seguramente en Palacio Nacional tienen registrados los costos que el movimiento (como le dicen a su partido) está pagando por mantener a estos personajes en el poder.

¿Serán más altos los activos que los pasivos?

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El martes pasado le preguntaron a la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la situación en Campeche, en donde la gobernadora intimidó incluso a sus diputados locales, que se negaron a aprobarle un endeudamiento por 1,000 millones de pesos y que, ante el acoso de Layda, decidieron resucitar el fuero.

La Presidenta envió un mensaje críptico que nadie entendió.

Solo se limitó a decir: “Serenidad y paciencia; amor y paz para todos’’.

O sea, ¿cómo? ¿Qué?

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Lo que queda de la otrora poderosa Confederación de Trabajadores de México (CTM), conmemorará el próximo 24 de febrero su aniversario número 90, con la noticia de que su hoy líder, Carlos Aceves del Olmo, ya no buscará reelegirse por cuestiones de salud.

Aceves encabezó la CTM los últimos 10 años, en los cuales la central obrera preferida del priismo pasó a ser solamente un membrete con una ínfima representación en el Congreso, cuando llegó a tener más de 100 legisladores en sus mejores tiempos.

En la disputa por lo que queda de la central obrera y su mausoleo (un imponente edificio en la Calle de Vallarta) se apuntan Fernando Salgado, herencia de los viejos tiempos del fidelismo, Tereso Medina, secretario general de la Federación de Trabajadores del Estado de Coahuila de la CTM y secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Metal-Mecánica, Sidero-Metalúrgica, Automotriz así como Gerardo Cortés García, secretario general del Sindicato Nacional de Harineros y Panificadores al que está afiliada la empresa Bimbo México.

 

    @adriantrejo