Dos estampas antes de desarrollar el tema:

 

Primera.- Era el último lunes de noviembre de 1988, último también del gobierno de Miguel de la Madrid.

 

Tras visitar Montevideo y Punta del Este en labores oficiales y descansar el domingo en Bahía, Brasil, viajó a Cuba.

 

En ese recorrido, dato al margen, estrenó el Boeing 757 -usado luego por Carlos Salinas- con los reporteros en la parte posterior del avión.

 

Tras instalarme en el hotel Habana Libre decidí adelantarme a la recepción oficial y me fui al falsamente llamado Palacio del Pueblo.

 

¿Le suena el término?

 

Por las calles céntricas y deterioradas de La Habana vi mujeres dispuestas por unas medias y hombres necesitados y sin esperanza.

 

Al llegar a la sede presidencial ingresé sin problema y me topé con el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.

 

-¿Viene a la visita del presidente de México?

 

-¿Cuál Presidente?... No sabía que estaba aquí.

 

A su lado subí a donde, supongo, estaban las oficinas de Fidel Castro, quien para pasmo mío me abrazó y en su acento cubano me dijo eufórico mientras señalaba a sus espaldas:

 

-¡Este sí es amigo, chico! ¡Este sí es amigo!

 

Atrás del comandante venía Miguel de la Madrid, quien me presentó.

 

-El comandante me dice que usted sí es amigo…

 

-Sí. Luego informaremos.

 

No informaron: México perdonó más de 500 millones de dólares de deuda por petróleo, deuda acumulada desde el Pacto de San José (José López Portillo) y barriles adicionales.

 

VEGA SICILIA PARA CASTRO

 

Segunda.- Un día Gustavo Carbajal cenó con su amigo Fidel Castro en La Habana:

 

-Ya se me acabó mi reserva de Vega Sicilia Único, Gustavo. ¿Me puedes mandar?

 

-No, pero hay uno nuevo en Baja California muy bueno. Se llama Vino de Piedra. Te voy a regalar dos cajas y ya verás qué rico es.

 

Me lo confió Carbajal:

 

-Cada quince días me pedía, hasta que me cansó. “Pídeselo a (Ernesto) Zedillo, le dije.

 

Castro habló con la canciller Rosario Green en busca de esa exquisita dádiva personal:

 

-Mándale dos cajas -le autorizó Zedillo.

 

Luego me dijo doña Rosario:

 

-Estaba loco. Fidel seguía pidiendo vino hasta por vía diplomática, pero yo no tenía la autorización del presidente… Se lo negué y no me volvió a hablar.

 

Así debe vivir la aristocracia gubernamental de la dictadura, supongo.

 

AYUDA OFICIAL Y SECRETA

 

Esto viene a cuento por la ayuda mexicana a Cuba.

 

Han sido decenios, más de 60 años, de escamotear apoyos a los mexicanos para mandarlos a la dictadura castrista.

 

¿Cuánto?

 

Nadie lo sabe porque no se dan datos oficiales y hasta el derechista Ernesto Zedillo -él acuñó la crítica a los globalifóbicos- tuvo detalles secretos.

 

Un ejemplo: en 1998 mandó más de un millón de cuadernos -en la portada la bandera mexicana, en la contra la cubana- entregados por las fuerzas armadas al gobierno de Fidel Castro.

 

Hoy es vía la contratación de médicos, de otros profesionistas y compra de vacunas sin certificar.

 

Y aunque esa ayuda no ha beneficiado a la sometida población cubana, la presidenta Claudia Sheinbaum promete mantener los apoyos.

 

    @urenajose1

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